Un atardecer de Noviembre se despidieron, frente a una taza de café se sinceraron, habían sido amantes amor dilatado en el tiempo que se fue borroneando; solían concurrir a ese bar algo alejado, en un barrio residencial.
Desde la ventana de un pintoresco chalet, el muchacho los veía a menudo, tomados de la mano, sus rostros muy cerca mirándose a los ojos, cada tanto un beso apasionado, finalmente se levantaban y tomados de la cintura salían del bar, el auto los esperaba en la puerta.
Ahora todo es silencio, las tazas y el plato vacío, que yacen sobre la mesa guardan sus secretos, y las sillas alejadas de la mesa, aún guardan su calor, hálitos de un perfume caduco parece envolver ese rincón que fue tan especial; el muchacho que espiaba por la ventana del chalet de enfrente, lo mira con añoranza y se pregunta: ¿porqué, qué pasó?.
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