viernes, 6 de diciembre de 2013

UN RELATO ONÍRICO

Horas más tarde, a la salida de la escuela donde Alberto se desempeñaba como profesor de 
lengua,se dirigió a un bar dispueto a escribir; sacó sus anotaciones de la mañana tomadas
de un sueño, que seguramente tuvo antes de despertar, las releyó con cuidado, se sentía
inspirado y despacito fue componiendo lo siguiente: era ya el crepúsculo, las sombras de
la noche pronto lo cubrirían todo, había parado de llover entonces, Benicio pudo avanzar por
el camino; mientras se deslizaba por la suave pendiente, sus narinas ávidas y con deleite
aspiraban el penetrante olor a jazmín que se desprendía de los jardines vecinos, pero
enseguida una mueca de asco se dibujó en su rostro, pues recordó que cierta vez siendo
un niño pequeño masticó y tragó pétalos de jazmín, eran tan atrayentes, tan suavemente
aterciopelados...... pero ¡qué fastidio! cuando más tarde se sintió mal y tuvo que ser
atendido de urgencia; su madre preocupada no sabía si retarlo o consolarlo, lo estrechaba
contra sí repitiendo una y otras vez :"pero mi niño tonto, ¿cómo pudiste, qué te pasó?" si
casi te intoxicas con los jazmines, ellos no son comestibles, son tan sólo flores vistosas
y nada más ¿entendes ahora?".
Avanzando en la noche, acompañando por el canto de los grillos y las luciérnagas titilando
aquí y allá, Benicio pensaba en el búho, que posado en la rama del árbol, extático lo
esperaba al final del camino; casi parecía una momia por lo imperturbable de su expresión
, sin embargo sus grandes ojos de dulce mirar, lo seguían en sus más mínimos movimientos,
él lo contemplaba siempre cual un enamorado, pero esa noche superponiéndose con la
lechuza, veía a su madre trayéndole helados, asomada a la ventana lo miraba embelesada:
"Benicio veni , toma te traje helado" y de repente un desparramo de carcajadas replicándose
cual un eco, ¡"basta ya Benicio, deja de hacer morisquetas! me haces desternillar de risa,
no doy más", y otra vez el silencio de la noche, los ojos redondos del búho y la tierna mirada
de su madre; Benicio aturdido ya no sabía quien es quien, y tuvo una idea loca: la lechuza
su madre, su madre la lechuza, ¿serán lo mismo?, ambas lo quisieron, lo quieren, las miraba
como en éxtasis, pero temeroso. De pronto una música ligera, acompasada que le llegaba de
lejos le hizo recordar el concierto de esa noche, entonces apuró la marcha; al entrar al salón
del club,vio al negro con sus ropas chillonas y extravagantes que se movía a compás y sensual entonaba la canción de siempre, Benicio avanzó hacia el fondo de la sala, donde lo
aguardaba el piano con la tapa levantada, todavía confuso no veía las partituras, sólo eran
sus dedos alocados que desprendían notas y más notas, totalmente fuera de pentagrama,
todo su cuerpo vibraba al unísono, cuando terminó de tocar el negro lo aplaudió eufórico,
¡"qué buena improvisación, bravo!, así se toca el jazz me hiciste bailar como loco, ahora
volvamos a los lentos, así yo también me puedo lucir cantando, pero... ¡muy bien muchacho!,
bravo!"; Benicio lo miraba como ido sin entender demasiado, sólo pensaba como
emprendería el camino de regreso, con los cuatro ojos acechando en la noche.












































 LECTURA SURREALISTA
Cierto atardecer de otoño, luego de un día espléndido, comenzó a llover copiosamente, Zulma  mirando por la ventana los campos y caminos anegados pensaba: no, él ya no vendrá, no se puede transitar es realmente peligroso.
 Aburrida y resignada, se dirigió a la amplia biblioteca de su casa, con el objetivo de buscar una lectura interesante, un cuento corto que la saque de la monotonía interior que la embargaba; comenzó a hojearlo distraída deteniéndose varias veces, no se podía concentrar, sin embargo notó que el cuento carecía de título y con una rara sugerencia por parte del autor: que cada lector , de acuerdo a su interpretación lo titulara a su antojo; ¡qué extraño! pensó, esto me gusta, debe ser de misterio y ¡vaya si lo era!; ansiosa quiso saltear el primer capítulo e ir directamente al argumento, pero de pronto hubo algo que le llamó la atención: la rareza de la presentación, pues no consistía en la habitual escritura; sólo se veían rayas que se entrecruzaban, círculos que se abrían y cerraban cual un laberinto por el cual era difícil avanzar; pequeñas cruces aglomeradas constituían distintas figuras: romboidales, hexagonales, ovoides, canutos  que semejaban pirámides, etc.
 Zulma perpleja miraba el texto tratando de interpretarlo, una mirada rápida le sugería una labor preparada para bordar pero seguramente, debía abarcarlo en su  conjunto y al mismo tiempo estudiar sus detalles, para dilucidar su significado.
Se preguntaba: ¿ qué habrá querido decir el autor?..... quizás, las rayas que se entrecruzan signifiquen  caminos o destinos que con las vueltas de la vida, a veces contactan y otras no; los círculos: encuentros y desencuentros complejos y ¿las cruces, son acaso los monumentos a los muertos?, podría ser; se puso a contarlos, eran tantos que le fue imposible arribar al número exacto.
 Por su mente desfilaron las minorías y los marginados, la desigualdad social y el absurdo de las codicias de los hombres, con sus guerras sucias.
Ya era noche cerrada y Zulma se sentía agotada por el esfuerzo; muy perturbada y casi con congoja cerró el libro, ¿cómo lo titularía?, quizás:  “Muertes Sin Sentido”.            

jueves, 5 de diciembre de 2013

UN RECUERDO ENVOLVENTE

Eloísa con la mirada perdida, despatarrada en el amplio sofá ubicado en el ángulo de la habitación, así se interrogaba: ¿porqué ese recuerdo en especial si son tantos los que perturban mi memoria? ; era la hora del crepúsculo, de modo que reinaba una semipenumbra, el desorden habitual le importaba apenas; cada tanto se removía inquieta y escudriñaba por los amplios ventanales como buscando, o esperando ansiosa que se aproximara aquella silueta tan querida, pero no, tan solo veía las hojas de los árboles abanicados por el viento, ramas que cual juncos se doblegaban a compás, algunas casas dispersas y un camino desierto de difícil acceso; hacía un mes que habitaba esa cabaña alejada del mundanal ruido. Volvió a sumergirse en los viejos aconteceres, se veía a sí misma caminando por la playa de ese pequeño pueblo de pescadores, con los pies chapoteando en el agua, salpicada por las tibias burbujas que se resolvían en la orilla, iban de la mano,  él entonando canciones de amor, ella reía feliz, cada tanto se entretenían en un abrazo y beso apasionados, el día declinaba ya, las barcazas de los pescadores se acercaban a las orillas, ¡cuántas veces cocinó para él ese pescado fresco, casi inodoro, mientras por la ventanita de la cocina, observaba la puesta del sol, era algo que la extasiaba ver como esa bola de fuego, finalmente se resolvía en franjas rojas y naranjas allá lejos en el horizonte, parecía que la tierra se lo tragaba, mientras despacito, la luna hacía su aparición, y alguna que otra estrella titilaba pícara. A veces en las noches cálidas se acercaban a la playa, siempre queriéndose, proyectando el futuro, si la lluvia arreciaba, cada uno se zambullía en su lectura favorita o compartían algún juego de naipes, también disfrutaban de la música afro brasileña propia del lugar;  recordó la vez que compraron un CD, y se lo olvidaron en el negocio, cuando volvieron a los meses a preguntar , el dueño lo recordó perfectamente, ¡no lo podían creer!. Fue en el verano del 82 que Eloísa había querido ir a Buzios, ese rincón verde de paz con sus callecitas coloniales , sus casitas bajas de corte lusitano, que parecían salidas de un cuento de hadas , y sus tranquilas aguas con  barquitos anclados en  las orillas. Allí lo conoció a Ricardo, pensó que ese amor sería para siempre, pero transcurrido un tiempo, otra vez el hastío y la nada, sin embargo añoranzas de por medio, sigue esperanzada no sabe bien porqué, mientras en su retina, se reflejan los barquitos del muelle, siempre disponibles, como esperando…..; un llanto quedo se deslizó por su rostro. 

EL ARTE NO INTERROGA

  EL ARTE NO INTERROGA Lenguaje teatral en un rostro impávido; manos artísticas lo transforman, de un blanco aterciopelado va virando a lo...