UTOPÍAS POSIBLES
Pedro siempre quiso viajar, conocer mundo; soñaba con recorrer distintas geografías, contactar con sus gentes y las distintas culturas, ¿pero cómo?, no tenía dinero suficiente, ni la fuerza para tal emprendimiento.
Eterno soñador de quimeras, realizó su comportamiento habitual: recorrió agencias, se ilustró con folletos y mapas; se compró ropa adecuada para la nieve y los frios de los países nórdicos; un enorme gorro de piel, con el que pensaba impactar a las rusas, hasta tomó clases de canto en distintos idiomas, pues tenía facilidad de aprendizaje y buena voz de barítono; era tal su sueño fantasioso que se veía aplaudido en los mejores teatros de Europa.
Por su mente que parecía un torbellino desfilaban sin cesar, los fiordos con sus costas escarpadas y lindando, las montañas nevadas de Suiza; la vieja Paris con sus callecitas estrechas y adoquinadas, y los cafés aledaños; la torre Eifel y los suburbios y más allá los palacios relucientes al sol, oscuros y solitarios por dentro; y se veía en una noche de luna llena, con un amor tomados en abrazo caminar por la ribera del Sena.
Luego la neblina londinense y la compostura casi embalsamada de sus habitantes, y la alegría de España con sus castañuelas y la impronta de las tres culturas.
En la romántica Venecia, deslizarse en una góndola en suave balanceo por las aguas plácidas; y se veía en África montado en un elefante, y también en medio de tupida selva, compartiendo ritos y costumbres con los nativos; en la India milenaria con sus vacas sagradas y los gurúes en pose estática meditando.
Más tarde en Turquía, con el bullicio de sus calles y las distintas mercancías expuestas cual un mercado persa, con sus eternos pregoneros de precios imposibles y el regateo mediante; en Israel pujante y cosmopolita, frente al muro de los lamentos.
Pedro comentó de sus viaje a todos sus allegados y para hacerlo más creíble incluso para si mismo, desapareció de los lugares habituales, simplemente se encerró en su casa,y fue el testigo mudo de su frustración.
Para paliar tanta tristeza se vistió de payaso, compuso su nariz con un enorme pompón rojo, se pintó unos labios carnosos con abundante carmín y dejó que su sonrisa asomara a través de unos dientes blanquísimos; sólo sus ojos expresaban su sentir, y no pudo evitar que alguna lágrima traviesa salara su boca.
Parado frente al espejo se hacía morisquetas mientras reía a carcajadas, y con voz chillona repetía una y otra vez:¿"no ven como me deslizo por el mundo en una alfombra mágica? y pronto, pronto también llegaré a la luna y a Neptuno y a Orion y quizás algún cometa perdido me reciba en su regazo; sí, ya los estoy orbitando".
Parado frente al espejo se hacía morisquetas mientras reía a carcajadas, y con voz chillona repetía una y otra vez:¿"no ven como me deslizo por el mundo en una alfombra mágica? y pronto, pronto también llegaré a la luna y a Neptuno y a Orion y quizás algún cometa perdido me reciba en su regazo; sí, ya los estoy orbitando".
Balanceando levemente el cuerpo con los brazos, hacía como que planeaba, mientras la luna, a través de la ventana le enviaba un guiño picaresco.