sábado, 18 de junio de 2016




                           UN DOMINGO CUALQUIERA

  

Siempre el mismo cuento, siempre las mismas secuencias, que por ser domingo respetaremos los deseos y extravagancias de cada uno, que me levantaré a la hora que el sol dora, que me vestiré con ropa dominguera, ya sea deportiva o no según las circunstancias; eternos planes de libre albedrío; la comida en casa no será lo más trascendente; -"haremos lo que tu quieras querida"- dice él siempre tan solícito, tan desinteresado y tan indiferente, y entonces la lectura, su hooby predilecto, lo absorve por completo y así transcurren los segundos, los minutos y las horas se precipitan.
Ella parada frente al espejo ensaya poses y muecas y se dice: -"iré de fiesta, al restaurante de moda, a Palermo, a la Costanera o quizás a pasear por  la Recoleta; iremos a escuchar música al aire libre o a la exposición de arte y ciencia". Y mientras ella sueña frente al espejo con poses y distintas ropas, él también pasea y aún más lejos, pero a través de las lecturas.  Así para cada uno y a su modo transcurre el sagrado domingo.
¿Alguien supuso alguna vez que el domingo por ser el primer día de la semana, no es rutinario y que sólo transcurre en una sutil levedad?






















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sábado, 4 de junio de 2016

MIS PIES

¡OH! mis pies ¿qué haría yo sin ellos? ¡Dios me libre!; no pretendo ser trotamundos ¡no tanto qué va!, si no tengo dinero ni tarjetas, tan sólo ellos. Realmente son mis objetos preciosos, lo más apreciado de mi persona.
Gracias a ellos voy de un lado para otro, de mi casa a la calle donde bulle la vida, de mi casa a los parques donde el verde de los pastos me invita a caminarlo y abarcarlo todo ¡ah! mis pies adentrándose en su suavidad cual terciopelo; o en la costa marina hundirme en las blandas arenas, sentir su frescura húmeda, o su ardiente calor, entonces mis pies pobres emiten un quejido ¡ay que me quemo! y rápido se deslizan hacia la orilla del mar para apagar tanto fuego, acallar la insolencia radiante del sol, las burbujas del agua fría son como un bálsamo para mis pies.
También con ellos puedo treparme por las suaves pendientes de alguna montaña y precipitarme carrera abajo en forma alocada y muerta de risa. Ensayar pasos de baile ¡oh bailar qué felicidad!.
Buscar los escondites más estrafalarios cuando con mis hijos juego a las escondidas, recibirlos en mis brazos y con ellos girar, girar cual un fideo fino.
Es tanto y tanto lo que puedo con mis pies que si les pasara algo, como tener juanetes, callos o durezas, me muero; los quiero como a mis hijos o más, no sé.
Los protejo, todas las noches los remojo en agua tibia con espumas jabonosas y los lubrico con cremas perfumadas; sí, los cuido como oro, no sea cosa que se me fueran a enfermar o a torcer, les aseguro que sería para mi un gran bochorno.                                                                                                                                                      

EL ARTE NO INTERROGA

  EL ARTE NO INTERROGA Lenguaje teatral en un rostro impávido; manos artísticas lo transforman, de un blanco aterciopelado va virando a lo...