“ADIOS NONINO”
En octubre de 1959 fallece el padre de Piazzola su querido Nonino y Astor transido de dolor compone su “Adios Nonino”, notas díscolas, tresillos vibrantes, interpretan su sentir cual un llanto arrebatado, que desesperado solloza y se subleva.
En Paris, en los Jardines de Luxemburgo, una orquesta lo interpreta, dos músicos, él con violoncello y ella con acordeón son los solistas de la orquesta; con cada acento fuerte de la música, él se apasiona, su cuerpo parece vibrar a compás, su pelo lacio se arremolina sobre su cara, su boca balbucea ; y surge ella con su doliente acordeón; es el llanto quedo, pausado, tiempo detenido en recuerdos, aceptación de lo inevitable, rechazo y… nuevamente la música con su desesperado mensaje de amor infinito, el vibrato del violoncello parece cantar ¡”no, no puede ser, mi querido Nonino ya no está”!.
Ellos se miran, son cómplices en transmitir ese sentir tan apasionado y a la vez tierno, ella con rostro doliente, esboza una sonrisa y el acordeón canta su romanticismo; la música finaliza con acordes fuertes, desesperados que de a poco van mermando y un suave rubato se extiende por la sonoridad del espacio, ya todo terminó, él y ella se miran complacidos, se abrazan, fueron testigos de un intenso amor filial.