BAILE DE DISFRACES
PARA RUSBELLA
Mi amiga Vilma me invitó a un baile de disfraces,- ¡qué lindo!- pensé:-me disfrazaré de hada y con mi varita mágica produciré encantamientos. El día de la fiesta estaba muy contenta y apurada por ir, pero más tarde cuando llegué al salón sentí un poco de vergüenza , entonces espié a través de mi mascarita y observé que estaban todos disfrazados; había un fantasma, una Barbi, un indio, un zorro y muchos más. Bueno, me hice la canchera y entré ¡ay! el indio me impresionó de inmediato: tenía en la cabeza unas plumas largas como de ganso, parecía un plumero, su cara toda pintarrajeada era un mamarracho de color, y llevaba un arco y una flecha; ¡sí, yo quiero bailar con el indio! pero no me mira ¿cómo haré?, pero si tengo mi varita mágica, la agité, ésta titiló reluciente y el indio vino hacia mi; bailamos un baile frenético, al principio me encantó pero al rato estaba ya muy cansada, y el indio sin parar seguía con saltos y cabriolas; ¡Abra Calabra! pensé agitando mi varita y el indio por suerte se alejó, apuntando con su arco y flecha para otro lado.
Después quise conversar con alguien, pero ¡oh sorpresa!, nadie hablaba, parece que las máscaras son sólo eso máscaras; entonces pensé divertirme con mi varita, la agité mirando a la Barbi y ella se puso a desfilar como una modelo, cada vez cambiaba de vestido, que uno rojo con volados, otro azul primoroso y otro amarillo como el sol; a un costado, a mi derecha, estaba la bruja, miré para un rincón donde había tres escobas y ellas con pequeños saltos se le acercaron y ¿saben lo qué pasó?, que la bruja se montó a los tres como si fueran un trencito y se fue alto para las nubes; después vi a un niño de escuela con su delantal blanco,¡Uh,Uh! hizo mi varita, y el nene enseguida abrió su mochila, sacó un libro, se puso a leer y en un cuaderno a escribir; me di vuelta y lo vi al zorro con su cola larga y cara de pícaro, seguro me quiere hacer una broma y reírse de mi, ¡pero no! yo lo voy a transformar en un corcel todo blanco, con patas negras y orejas marrones y en un segundo al galope, haciendo hico hico salió el hermoso caballito.
Bueno basta, quiero volver a bailar, mi varita se iluminó toda como estrellitas de colores, y entonces sentí cerca mio, un suave perfume a jazmín y una túnica rosa que me envolvía cual una sábana, bailamos un vals y un tango, a través de su mascarita, me guiñaba un ojo y el otro, ¿saben quién era?: el fantasma.
Así pasó esa fiesta lindísima, me divertí mucho, me pareció haber vivido el cuento de las mil maravillas.
