miércoles, 24 de diciembre de 2014

LAS MANOS DEL VERDUGO

LAS MANOS DEL VERDUGO

Aquél día sus manos quedaron rojas, húmedas y trémulas, casi exánimes por la cantidad de azotes que había propinado al chico aquél, que jugando a la pelota, rompió un vidrio de la ventana de enfrente; el dueño salió como loco a insultarlo, el pibe intentó una disculpa pero no pudo articular palabra, lo miraba anonadado. Pronto se vio rodeado por la guardia, que lo llevó a ese lugar perdido entre valles y montañas; aunque las causas fueran nimias nadie se salvaba de ser inculpado.
El verdugo de la corte, acostumbrado a los castigos, no se inmutaba, vivía como aletargado, su mente vacía de ideas propias; sin emociones aparentes era simplemente una máquina de obedecer y ejecutar órdenes, sólo sus manos expresaban un lenguaje particular, a pesar de que las cubría con guantes.
Cierta vez sus dedos quedaron atrapados en un férreo puño, imposible de abrir; parecían dos tenazas amordazadas y con pequeñas marcas moradas a nivel de los meñiques, al verlas, el verdugo se asustó, pero luego se acordó que con el borde interno de las manos, estuvo clavando en el tronco del árbol, los cabellos dispersos de la chica y que antes, había amordazado su boca para que no gritara. Ese había sido un caso muy particular, que el pueblo comentó por largo tiempo pues: cierta noche en que la muchacha agredida por su novio, salió de la casa a los gritos y y sollozando se mecía los cabellos, ocurrió algo insólito, él fue ignorado, en cambio ella, condenada por ruidos molestos.
Pero el caso más sonado, fue el de un negro que acusado de robar y violar a una mujer blanca, lo condenaron a la pena capital; el pobre casualmente pasaba por el lugar y fue detenido de inmediato, sin ningún tipo de averiguaciones.
Esa vez el verdugo se puso levemente verde, se permitió apenas un respingo que le salió como un eructo y un parpadear de ojos, pero enseguida se detuvo, pues el terror era lo más común en esa corte alocada, ávida de poder.
Algunos tuvieron el coraje de defender los derechos del niño, la impulsividad propia de esa etapa de la vida, también se manifestaron por la no discriminación de género o color de la piel, un duro batallar que aún perdura.
 Pero algo insólito ocurrió el día en que el negro fue decapitado: a la hora del hecho, las manos del verdugo estaban rígidas y pálidas, si quería doblar sus dedos el dolor era insoportable; ora  violetas, y veía sus dedos crecer como tentáculos que se estiraban y enroscaban, queriendo aprisionar su cuerpo; ora las veía manchadas de sangre, sudor y saliva, intrépidas queriendo arrancarse la piel.
Paralizado por el terror sobre el piso reptando, mantenía con ellas una extraña conversación: ¡ "basta ya, no me acosen más, yo fui  un hacedor de órdenes ajenas, sólo eso"!.
Con el tiempo se volvieron independientes, como dos apéndices pendían de sus brazos completamente inconexas de su ser; fue tal su desesperación que una noche, queriendo desprenderse de ellas para siempre, ululando se entregó a la oscuridad de los caminos, perseguido no obstante, por las manos que lo cercaban. 

EL ARTE NO INTERROGA

  EL ARTE NO INTERROGA Lenguaje teatral en un rostro impávido; manos artísticas lo transforman, de un blanco aterciopelado va virando a lo...