martes, 16 de agosto de 2022

AVENTURAS DE UNA SERPENTINA

Noche de carnaval, una serpentina  traviesa se desprendió de los rubios cabellos de la niña disfrazada de mariposa, y haciendo cabriolas en el aire empujada por suave brisa, se introdujo por la ventana abierta de una casa, divertida pensó: “qué bien conoceré a sus moradores y quizás encuentre otra serpentina y me enamore de ella”; con sus movimientos ondulantes, rozó el botón de la luz, pero nada siguió a oscuras chocando con diversos objetos, enredándose en telas de araña que pendían de los techos, de pronto se sobresaltó por los maullidos de varios gatos que trataban de agarrarla , pensando que era una madeja de lana que se desovillaba para su placer; la pobre serpentina comprendió entonces que se trataba de una casa deshabitada, pero tomada por unos gatitos impertinentes, para salvar su pellejo, trató de escabullirse y escapar; así se vio de pronto en el patio trasero de la casa, Iluminado por una luna llena radiante, “qué suerte aquí hay una puerta”, y por una rendija de la misma salió a la calle.

Ya el corso había terminado, pero era tal su felicidad, que bailando y brincando, entonaba los ritmos de carnaval: tralala, tralala, así medio borracha de júbilo, fue a parar a una alcantarilla; “pero ¿esto qué es?, otra vez a oscuras y encima con olores desagradables,  me estoy ensuciando, envolviéndome en lodo, ¿pero será lodo o que?; ay! Dios mío, me siento morir”, se desesperaba,”¿cuál será mi destino?, ¡que mala suerte la mía!, , esto es un túnel estrecho, donde apenas me puedo desplazar, pero voy andando a mi pesar”.

Todo su pasado volvió a su memoria, los gratos recuerdos de cuando toda enrollada vivía en compañía de otras serpentinas, todas de colores brillantes, ella era rosada la preferida de las niñas, su hábitat era una cajita primorosa cerrada con un moño también rosa y como era tan primorosa la exponían en la vidriera, junto a disfraces, matracas, pitos y bonetes; desde allí veía pasar las murgas con sus cánticos, sus coreografías y el palpitar de los tambores; a veces se detenían frente al negocio donde ella vivía, entonces se conmovía tanto, que temblaba toda con pequeñas ondulaciones, emitiendo chispitas rosadas; fue en ese momento que la niña rubia la solicitó, “mamá, quiero ésa, la rosa, ¿me la compras?”; al salir la niña se envolvió toda con ella , pero luego, no sabe cómo, se desprendió y ahora era ese despojo.

Mientras así cavilaba casi llorando, se sintió sacudida por un torrente de agua a su alrededor, ”pero , ¿dónde estoy?, ah!  ¡qué frescura, y me estoy limpiando, qué lindo!”; estaba amaneciendo, el sol extendiendo sus rayos primeros, entonces pudo ver; un inmenso caudal de agua y dulce cuando la saboreó,”!es un río que parece un mar por lo extenso y de un color leonino, sí, sí” cantó, “es el Río de la Plata con sus pequeñas olas y ya no contaminado, bah! Es una utopía pero no importa, ;estoy navegando junto a los tempraneros barcos pesqueros, lanchas a motor, elegantes yates; aves de distinto plumaje y color, vuelan a mi alrededor observándome y aunque parezca un pez más de los que aquí abundan, nadando trataré de alcanzar la orilla, quizás un niño me recoja y formando figuras vuelva a enredarse conmigo”.  

 

 

 

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