EN LA SELVA DELA VIDA
Ya titilan las primeras estrellas anunciadoras de la noche que se avecina, los ruidos cotidianos se van aquietando, un manto oscuro se extiende por doquier, cada vez más denso, más tenebroso. Solo en las esquinas de un barrio cualquiera de buenos aires, las lámparas que penden desde lo alto derraman una luz blanca, inquietante por su soledad.
Cada tanto un bocinazo perdido o el frenar brusco de un colectivo sacuden el silencio; pocas personas transitan por las calles: un taconear apresurado camino a su casa, otro que con paso diligente y cansino acompaña al perro en su ronda nocturna habitual. De pronto irrumpen en la noche los acordes de un piano con el tango "los mareados", el llanto perdido de un bebé. los ecos de una tv puesta a volumen, una carcajada sonora, murmullos de amor en alguna puerta.
Es la vida, el conglomerado humano que ahora bulle en las casas, en el seno del hogar que entibia, resguarda y acoge ¿es así o debiera?... y se dan el encuentro y el desencuentro.
Pero más allá de las puertas herméticas, en la calle quieta, oscura, febrilmente unas manos trabajan: desatan, rompen, desparraman unos bultos negros prolijamente amontonados al lado de cada árbol, ¿qué encierran, desperdicios, lo inservible para unos, manjares para otros? sí, y la mirada se extiende, hurga selecciona; dedos diligentes manipulan, separan y a su vez confeccionan otras bolsas, con otros destinos; ya no es la basura que se incinera, sino la "exquisitez" que se consume.
De repente en medio de ese trajinar de gente mayor, jóvenes y algunos niños, estallan fuertes alaridos junto con maullidos inquietantes; las manos de los hombres son desgarradas por pezuñas, mordidas....; persianas que se abren ,gente que se asoma por las ventanas y ¡horror! ¿qué ven? felinos de cola levantada, lomo arqueado y ojos amenazadores enfrentando a los humanos y estos a su vez y a la par ¡estamos en la selva otra vez!, se trata de sobrevivir. A tanto han descendido estos hambrientos, que ya ni siquiera luchan con sus congéneres, sino con los señores de la noche, los antiguos depredadores de las bolsas de residuos.
Y esta pelea a muerte y ¡oh contradicción! por la vida, se interrumpe cuando un baldazo de agua tirado desde algún balcón, espanta a los felinos que huyen despavoridos.En la escena quedan hombres y mujeres, desgarrados sus brazos, sus mentes, sollozos que se ahogan en sus gargantas y los niños sí llorando; alguien dice con honda amargura,¿es éste el famoso mundo globalizado donde unos miran desde arriba y se hacen los distraídos y otros abajo, cada vez más míseros luchando por unos mendrugos?...La pregunta queda en suspenso, flotando en pos de un devenir.
La noche vuelve a su silencio, intentando el descanso.