JUEGOS DE FANTASÍA
María había tenido una infancia difícil, de pocos afectos, carencias múltiples, ese quizás fue el motivo de que se inventara un mundo de fantasía, en el cual periódicamente se sumergía. Ora era una reina que vivía en un castillo imponente, rodeada de gentiles lacayos que la adulaban y festejaban; pasaba sus días dedicada a las artes, tomando clases de música y canto, desde temprano se escuchaban sus trinos, a veces semejantes a un pájaro herido y más tarde febril ,tecleaba en una computadora de alta tecnología, y entonces se comunicaba con seres extraplanetarios.
En el castillo eran habituales las fiestas y agasajos; múltiples enredos amorosos y secretos de alcoba, a veces en la noche se escuchaban pasos sigilosos y una puerta que con un chirriar inoportuno se abría y cerraba, entonces los gorros de dormir asomando y los cuchicheos en los pasillos eran inevitables, luego las desmentidas, los guiños picarescos y las risas sarcásticas; también en el castillo se tejían intrigas diversas y pactos de corrupción, todo con aspecto inocente y aires ingenuos.
Otras veces María, era un viento que se colaba por los postigos y rendijas, los vidrios de las ventanas con una vibración cantarina le respondían como un eco, o era un huracán que soplaba a mil, levantando consigo autos como juguetes, las casas de los pobres y el polvo de los caminos, todo se tornaba opaco, el aire irrespirable; las orillas de los ríos ya no eran tal, pues sus aguas se precipitaban rápidas anegando todo; a la furia del huracán, le seguía un viento juguetón, que enredaba la ropa tendida en una terraza cualquiera, ondulaba las ramas de los árboles, dispersaba el rocío que caía cual pesadas gotas de lluvia; otras era apenas una brisa suave que despeinaba los pastos, acariciaba los rostros y que en las noches de verano traía la fragancia de flores cercanas. Éstas y otras historias más eran para María, un dulce refugio que la alejaba de los sinsabores de su entorno.