LA NOVENA
Un artista, un músico apasionado, es frecuentemente visitado por geniales duendecillos que lo inspiran, que juegan con su fantasía, lo atrapan y someten, su corazón desborda, su mente fascinada está llena de compases, de notas danzarinas, sus dedos pulsan las teclas del piano y febriles escriben, no pueden parar; se destaca su melena imponente, su mirada penetrante, adusta, que parece mirar más allá, es su mundo interno que bulle, lo sobresalta y que él plasma en el papel, le llegan sonidos con un escuchar sordo, su genio trabaja en las tinieblas, no puede oír lo que compone, se exaspera, sus dedos golpean las teclas tanto como su furia, pero no, de repente se torna melancólico o romántico, así el piano irrumpe en fuertes como martillos, con mucho acento, acordes poderosos, rápidos y penetrantes, luego es la calma donde se entremezclan las nostalgias, el romanticismo, el puro lirismo; es temperamental, es apasionado y es murmullo. El exterior le es cada vez más ajeno, pero aunque a veces se enoja y sufre por ello, no se pierde, tiene el sostén de una trama infinita de música, una gran orquesta, con cuyos instrumentos conversa, dialoga, y les hace ejecutar conciertos , sinfonías, sonatas, variaciones múltiples.
Corría el año 1823, cuando unas notas traviesas le dicen: "hagamos una sinfonía coral, invitemos a los instrumentos humanos a participar en nuestra fiesta y junto con ellos, los timbales, las maderas, las cuerdas enloquecerán de júbilo"; y cuatro movimientos como danzas mágicas comenzaron a gestarse en el otoño de ese año. El re divertido le dijo por lo bajo al sol, al la y al mi: "marchemos juntos, suavecito, casi sin pisar, pianísimo" y tiempo después: "más rápido, más fuerte, pero mucho más, atronemos: pin, pam, pum, con rayos y relámpagos, como una solapada tormenta que va en crescendo, ahora somos una tempestad bravía, sonora, que arrasa, golpea" y un conglomerado de notas revoltosas atropelladas y desafiantes, enloquecidas se precipitan por escalas y arpegios, se arremolinan, se desmayan hasta diluirse altivas, con espectacular estruendo; así nació el Primer Movimiento.
Momentos después cuando el Segundo Movimiento, las notas con un dulce despertar, se desperezan, se saludan con arrumacos, con alegres trinos, forman ramilletes de flores y las azules campanillas tintinean, las coquetas margaritas cantan al amor: que sí, que no; es la tarde en la campiña, con un cielo celeste y plateado y un sol desparramado; algunas notas se agitan en los húmedos pastos al compás de suave brisa; otras alegremente se dispersan y salpican en anchos sembradíos, y aún otras, más vivaces y pícaras, canturrean por los caminitos que se angostan en la lejanía, sombreados por agudos y redondos follajes; "cantemos a la naturaleza" dicen al unísono: "la, mi, do, fa, cantemos a la campiña en su quieto y vital esplendor: la, la, si, mi".
Ya en el Tercer Movimiento: las notas se han aquietado, la paz de la campiña las subyuga y las transporta a los cielos, se vuelven solemnes, se florean con los contrabajos y las maderas,"cantemos loas a la creación, hagamos como los ángeles que baten sus alas suaves, lentas, de bienhechora protección, hagamos un adagio cantabile con acento armonioso, que la paz de los cielos ilumine, que sirva de guía, que resplandezca en la tierra".
De pronto es el Cuarto Movimiento que ya palpita: "do, re, mi, fa, sol la", dice el si encantado: " ¡escuchen, escuchen!, son nuestros invitados: las voces humanas que se ensamblan con la de los instrumentos, ¡hurra, aleluya! por fin todos juntos, pero son ellas en especial, bajas, agudas, semitonales, las que imponen el toque casi místico, jubiloso". Y estalla la alegría como doradas estrellas, todo se transforma; el gran músico con su batuta magistral no oye, pero escucha su interior y se agita, se contorsiona y transmite prestísimo su belleza. ¡ Que magia tiene esta música que transporta, sublima y redime!; es el poder de la mente abierta y creativa. Las notas vibran, se estremecen; "la, fa, re, mi, sol, dimos vida a la sinfonía coral, ya quedó registrada en el tiempo infinito, ya traspasó los siglos".
Momentos después, cuando la gran ovación iba cediendo, las notas emocionadas y casi en un susurro, se decían unas a otras: "¡qué maravilla, lo hemos logrado,sí!"; con Beethoven de por medio, acaba de nacer para el mundo, la novena sinfonía.