LA
CASA DE ATRÁS
Me encuentro de paseo en Amsterdam, Holanda, y cómo no visitar la Casa
de Ana Frank, si siempre me impactó la valentía y sensibilidad de esta
adolescente de escasos 13 años, cuando confinada en la llamada Casa de Atrás,
escribió su famoso diario.
Temblando de emoción, desde
la puerta de la casa observo su interior, todo está en penumbras, de repente al
fondo, a la derecha se enciende una luz y aparece ella con su rostro angelical,
su mirada candorosa y alegre; sentada frente a una mesita con un cuaderno y a
punto de escribir, me dice- todo está bien, adelante-, no lo puedo creer ¿acaso
es ella?,- pero si está muerta ya hace tanto tiempo,- como si adivinara mi
pensamiento me contesta- sí soy yo, muerta, pero viva y aquí está mi manuscrito-
sí ya veo ¿ y qué era lo que escribías?- acerca de mi familia, de mi papá tan
amoroso que siempre me daba todos los gustos, este cuaderno de tapas rojas y
azules me lo regaló él; de mi mamá que parece estar en las nubes y con la que a
veces me peleo y también de mi hermana mayor Margot; como es obediente y tan
delicada siempre me comparan con ella ¡me da bronca! -¿y vos cómo sos?- yo soy
divertida, impulsiva, tengo amigas y también un amigo, casi mi novio- ¿ah sí ,
quién es?- Peter, tiene 3 años más que yo y desde hace un tiempo vive aquí con nosotros, vino con sus padres;
también un dentista amigo de mi papá está acá, a ese no lo soporto, aunque al
principio me resultó divertido- y se me queda mirando sonriendo.
Decime Ana , pero también
escribiste otras cosas- por supuesto, de cómo me sentía yo, encerrada sin poder
salir, porque afuera nos perseguían y mataban nada más que por ser judíos,
cuando nos descubrieron me llevaron a un campo de concentración, me desnudaron,
me raparon, estuve desnutrida y finalmente me enfermé; por suerte estaba con mi hermana, a mis padres
no los vi más-
Mi corazón latía a prisa, de
rabia, de impotencia; Ana con ese gesto suyo tan particular continuó,- no te
aflijas también escribí sobre la buena gente, amigos de mi papá que nos
ayudaron a sobrevivir, nos traían comida y todo lo necesario, también velaban
por nuestra seguridad- ¡ qué bueno Ana!,
- pero lo más importante plasmado en este cuaderno para mí, en aquel entonces,
eran mis sentimientos, mis sensaciones, estuve en esta casa 2 años y pronto iba
a cumplir 15 , tenía tantas ilusiones, tantas esperanzas, siempre me gustó
escribir, de hecho tengo algunos cuentos y pensaba al finalizar la guerra,
escribir novelas y publicarlas- y allí se quedó mirando como en la lejanía,-
¿sabes Ana?, yo también escribo, siempre me gustó hacerlo, cuando cursaba 6to. grado
de la primaria, pensaba ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras, pero
luego mi destino fue otro- volvió su carita triste pero sonriente hacia mí – sí
pero estás acá en mi casa de entonces, en cambio yo me morí de tifus a los 15
años, justo 2 meses antes de que nos
rescataran los aliados, el 15 de abril
de 1945; casi un mes después, el 8 de mayo terminaba la guerra- ¡qué horror
Ana!,- la luz se apagó, y otra vez quedé en penumbras, sobrecogida de angustia salí a la calle, sentí
que el frescor de la noche que se avecinaba, calmaba mi espíritu y ávida aspiré
el perfume tan tenue de los tulipanes.