Luego de tu partida la angustia me atenaza, todo ese amor depositado en ti, pareció escabullirse en la nada; ¡ qué misterio la vida y la muerte!
De repente deslumbrarse con ese mundo nuevo, que impacta, que asombra, y el resguardarse en el seno materno que cobija, que nutre y el dulce sueño que acompaña; es la vida que se extiende con ese tumulto de sensaciones, ánimos y quehaceres; y ya a lo lejos o cerca, nuevamente partir hacia un vacío insoslayable, hacia la nada, o quizás poblado de misteriosas partículas semejantes a uno.
Con esos pensamientos girando en mi mente, aquél atardecer me acerqué al mar, un cielo gris me acompañaba, un viento helado se deslizaba bajo mi pollera y casi me hacía temblar, mi pelo agitado me cubría el rostro y no pude evitar el llanto; las olas rompían contra las altas rocas y me salpicaban; yo estaba sola en esa tarde gris, más luego con tu recuerdo, Eime, de tantos momentos compartidos, casi sentí tu presencia junto a mi; crucé los brazos sobre mi pecho como si te abrazara, y así emprendí el regreso caminando lento entre la arena y los pastizales, a buscar el refugio del hogar, el mismo que entonces compartimos.
“Contigo en la distancia amada mía estoy”…….