lunes, 12 de mayo de 2014

A LA PACHAMAMA

A LA PACHMAMA


Una madre morena con ropas andinas típicas, arrulla a su  niño con movimiento de vaivén , mientras suave le acaricia la cabeza induciéndolo al sueño; de tanto en tanto el  niño se inquieta, vuelve a llorar, la madre con delicadeza lo acuna e inmediatamente antes que despierte, se toma de la mano con los otros del grupo y bailan en ronda; se agachan, se contornean, con pequeños saltos se sueltan, se toman; mutuamente se desean buenas cosechas, buenos frutos; luego se separan y cada uno de distintas maneras, prodiga alabanzas y agradece a un alguien invisible: le rinden culto a la madre tierra, a la pachamama. Los acompaña una música ancestral, el mismo ceremonial les deviene de sus padres, de sus abuelos, el que asimismo transmitirán a sus hijos, cultura particular de  pueblos que luchan por persistir y ser.

                                                                      FELISA

                                                                                 
EL TRANSCURRIR DEL TIEMPO
Juan había optado por no mirarse más al espejo pues éste y repetidamente, le devolvía una imagen que no era precisamente de su agrado; su vida transcurría solitaria y sin afectos, e irremisiblemente dejaba sus huellas; se notaba envejecido, en su rostro de rictus amargo, diminutas arrugas alrededor de sus ojos y nariz dibujaban figuras extrañas, su mirada no tenía el brillo de otrora, caminaba siempre mirando el piso con la cabeza hundida en los hombros, la espalda curvada, su andar lento e inseguro hablaba de su indefensión.

Cierto día revolviendo los cajones del placard, se encontró con un viejo álbum de fotografías, lo abrió curioso: allí estaba él a los 6 años frente a una enorme torta soplando velitas, familiares y amigos alrededor de la mesa, sus padres al lado mirándolo con amor; recordó que fue un niño consentido: único hijo, único nieto, único sobrino de unas tías regalonas, se sentía el rey de esa pequeña cofradía; dio vuelta la hoja y se encontró frente a un arlequín que lo miraba sonriente, pero ¿”esta foto de cuando es?, ¡ah! ¡ sí!, en una fiesta de disfraces en la escuela”, tenía 8 años y ¿ esta otra?, con sus amigos del club pateando la pelota, tendría alrededor de 12 años, se sonrió al pensar en Rubén, su amigo del alma, siempre jugaba de arquero, no perdía una pelota, y Alberto…. el goleador del equipo ,¿qué habrá sido de ellos?, toda la adolescencia la pasaron juntos, después, que el estudio, el trabajo, una noviecita, en fin la vida los fue alejando. Siguió  dando vuelta las páginas y de repente se vio ya hombre, con el brazo derecho en alto, mostrando orgulloso su diploma de ingeniero, recordó que contaba 26 años; sí ejerció su profesión, pero con más frustraciones que ventura, y otra foto más, la de su casamiento a los 30, ¡qué cara de tonto feliz!, cerró de golpe el álbum, no quiso ver más; la recordó a Noelia : tan sólo un año de amor, sin quererlo se rio fuerte a carcajadas,”¡qué ridículo juramentarse amor para toda la vida!”; sí, los pequeños deslices de ambos, los celos y las frecuentes rencillas, terminaron por separarlos, por suerte no hubo hijos; así con altibajos, a veces acompañado, generalmente solo, se deslizaron sus días, y he aquí que a los 73 años se sentía un hombre vencido; despacito fue volviendo nuevamente las hojas del álbum, esta vez de atrás para delante, mientras pensaba en sucesos y circunstancias; de repente se sorprendió, que todos los registros de la cámara fotográfica fueron hechos en años múltiplos de 2, como que en los otros, la lente no hubiera reparado; “es una casualidad” se dijo , “pero esto es lo que haré , pasaré el año entero ignorando al espejo, para luego echarle una miradita de reojo en el próximo, a ver si así logro detener el paso del tiempo”; dicho esto, se levantó y cubrió el espejo con la chalina azul que indolente descansaba sobre la silla. 

EL ARTE NO INTERROGA

  EL ARTE NO INTERROGA Lenguaje teatral en un rostro impávido; manos artísticas lo transforman, de un blanco aterciopelado va virando a lo...