IMPACTO
Lo vi anoche en la reunión literaria, su rostro me resultaba familiar, sentía una necesidad imperiosa de entablar conversación con él, y siguiendo un impulso que nacía de mis entrañas, me acerqué- ¿"hola, usted es habitué a estas charlas"?- "sí suelo venir, todo lo concerniente a la poesía y la narrativa me interesan mucho y me hacen bien, emocionalmente me siento vivo, cuando en una época estuve como muerto o casi".
La respuesta me sorprendió, pero no pregunté, en cambio le conversé sobre los últimos libros que leí; cuando entre otros le mencioné: "Ayer no ha terminado todavía" de Ester Izaguirre y "La conjura contra América" de Philip Roth, noté que parpadeaba levemente y se ponía pálido, pero enseguida retomó la compostura y me contestó:- "no sé de que se trata ese libro que habla del ayer, pero a mi ese título me viene al pelo, pues las pesadillas del ayer, aún me persiguen y será así hasta el fin de mis días; el otro sí lo leí, es un relato de como la persecución nazi puede volver a repetirse; es lógico que después de aquel siniestro genocidio, los judíos de todo el mundo estén atentos a cualquier manifestación que les signifique una amenaza", -"es una novela, pura fantasía"- le respondí, -"sí, pero es bueno tenerlo presente, para que no se pierda en la memoria del olvido".
Esto último lo dijo con los ojos húmedos, entonces me remonté a mi propia historia: corría el año 39 y había amenazas de guerra, los progroms contra los judíos eran cada vez más frecuentes, yo vivía con mis padres y hermanos en un pequeño pueblo de Polonia, y dada la situación, mis padres con apenas 18 meses de edad me entregaron a unos tíos que pensaban emigrar. Supe que vivimos un tiempo en Paris, pero luego cuando en septiembre de ese año, que estalló la 2° guerra mundial y Francia entró en el conflicto, nosotros viajamos a América, así fue como finalmente desembarcamos en la Argentina.
Yo no tuve ocasión de extrañar, pues era muy pequeña cuando me separé de mis padres; mis tíos sin hijos propios, me criaron con mucho amor, a ellos les debo lo que soy. Después ya casi adolescente, supe del horror que padeció mi familia, así como millones de judíos que fueron torturados e incinerados en los campos de concentración.
Esto que cuento pasó como una ráfaga por mi mente y me quedé mirando a ese hombre con extrañeza, lo interrogué brevemente, más con la mirada que con la palabra; él me comprendió de inmediato y lo que a continuación me contó me dejó helada. Era oriundo del mismo pueblo donde yo nací, me habló de las penurias padecidas y como logró salvarse; fue gracias a una familia que con documentación falsa, rescataba en especial a los niños, para llevarlos a un país neutral. Había llorado mucho no queriendo separarse de su madre, pero ella con súplicas y sonrisas teñidas de lágrimas lo convenció, quizás con la esperanza de un futuro reencuentro, tenía tan solo 3 años de edad .
Luego de unos instantes de mirada perdida, como hundida en el pasado y en aquel rostro tan querido, con la voz quebrada prosiguió:-"cuando terminó la guerra, quedé pupilo en una escuela, más tarde trabajé como aprendiz, en diferentes oficios, no me iba mal pero yo quería irme de la vieja Europa, América significaba para mi ,la esperanza de un futuro mejor y aquí me ve, padre y abuelo de una buena familia, además cumplí con mi gran anhelo, soy profesor de literatura; pero muchísimas veces, la tristeza me ronda"-.
Al terminar su relato me dijo:-"¿te puedo tutear?, yo hace rato te venía observando, sentía que teníamos muchas cosas en común, como cierta pertenencia, y quise hablarte, pero no sabía como, no me atrevía, y he aquí que a vos te pasó lo mismo y sí, viniste a mi"-
Miré sus ojos pequeños que me sonreían, su expresión de ternura y siguiendo otro impulso inesperado lo abracé, sentí que los dos vibrábamos al unísono, ¿acaso sería mi hermano?.