“Abuela contame algún secreto” , decía ella de apenas 10 años, _ pero no tengo ninguno Linda _dale abu… seguramente debes conocer rmuchos, ella se quedó pensativa unos instantes y luego ¿”acaso vos sabes lo que es un secreto?” _ claro que sí, algo que está guardado y una no se entera, hasta que de pronto lo descubre, o se lo cuentan, _¡muy bien! entonces te recomiendo que en lugar de tanta pantalla, vayas a la biblioteca a hojear los libros, quizás algo te entusiasme.
A Linda no le gustó mucho la idea, no obstante, curiosa se dirigió allí; se impactó deslizando su mano por los lomos de cuero marrones, con sus letras doradas cual oro,”¡qué bonitos!, ¿qué contarán?”, finalmente eligió uno que se refería a la naturaleza, comenzó a hojearlo y enseguida a leerlo; descubrió los secretos de la luna y del sol, supo de las estrellas fugaces y los agujeros negros, y supo de los mares y de los animales acuáticos, se detuvo en los retratos de los lobos marinos, de las focas y los delfines; así pasó la tarde descubriendo también los secretos de las plantas y de los distintos seres que habitan la tierra.
La abuela finalmente la fue a buscar –¿Linda todavía aquí, no te aburriste? _ no al contrario, me encantó, descubrí los secretos del saber y el placer de leer _muy bien chiquita, me alegro por ti, los grandes secretos del conocimiento están en los libros. Abuela y nieta pasaron al comedor a tomar una rica merienda y seguir conversando, acerca de los secretos recién descubiertos.
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