Vamos yuyo brujo, petequita, chechita, vamos a pasear que nos toca nuestra ronda nocturna, la perra con cara de sueño no se mueve de la colchoneta, él insiste y le canta una canción: ”Amor, amor nació de yuyo, nació de papá para los dos” la la la….., vamos,… vamos a pasear, “la perra se levanta con desgano y ambos salen” a la noche estrellada con luna llena; él le sigue hablando nombrándola con distintos epítetos cariñosos, mientras intenta una caricia en su negro lomo; los transeúntes que lo ven pasar, lo miran atónitos o se sonríen burlonamente, uno comenta pareciera que lleva una correa y que le habla a un perro, pero el perro ¿dónde está?, ¿se habrá muerto y él con su parloteo lo niega? ¡pobre!; y así el hombre caminó cuadras y cuadras hasta sentirse agotado, cuando volvió a su casa, puso música relajante especial para perros y se fue a dormir muy satisfecho con la hazaña realizada.
Al otro día despertó tan contento que saltó de la cama y ensayó unos pasos de baile, puso en la vieja victrola “El Lago de los Cisnes” ,y se imaginó que era el cisne princesa Odette, hechizada por el cisne negro, la malvada Odile hija del brujo, entonces con pasos cortitos y casi en puntas de pie se deslizó por la habitación, moviendo los brazos como alas en un vuelo bajo, era un pájaro desamparado que terminó deshecho en lágrimas y tirado en el piso, de repente su rostro cambió de matiz, y alegre con giros, vueltas y zapateos, bailó un aire de chacarera mientras piropeaba a una compañera inexistente.
Ya luego todo sudoroso, decidió darse un baño de inmersión y que mejor que hacerlo en su vieja bañera infantil, tenía para él un encanto especial con las pinturas del Pato Donald y un pez provocativo, además recordaba las caricias de su madre sobre su cuerpo desnudo. Luego de un ligero desayuno y ya preparado para irse a trabajar, recordó con apuro que antes de entrar, debía yendo y viniendo inspeccionar los alrededores de la oficina, pues se sentía perseguido y espiado, tampoco tomaba transporte alguno, se iba caminando sin importarle la distancia, pero ¡ojo!, siempre por las veredas de números impares, eso por cábala.
Tenía una mirada ida e introspectiva, siempre en conexión con su mundo interno, sus compañeros de oficina, lo notaban raro y se apartaban de él; Demetrio, que así se llamaba el sujeto en cuestión, no tenía amigos ,”para qué”? se decía, ¿“para que me traten de obsesivo y hablen mal de mí?, son unos ignorantes, yo en cambio así, soy feliz pero claro, siempre sobre los mismos parámetros , no sea cosa que el diablo me tome desprevenido, no lo dudo ni un instante o ¿ si? , si yo no tengo miedos o ¿ si?, ¿ puede ser?, ¿ no, sí”?.
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