miércoles, 18 de mayo de 2022

ESA FORMA AMORFA

Dispersa en el viento, algo aturdida y angustiada, buscaba donde guarecerse, de pronto ese vaivén se tornó calmo y se sintió caer, miró a su alrededor,”¡cuánto pastito”!  y a su vera un río de aguas mansas, que ondulaban como una serpentina verde tornasolada; al rato sintió que se hundía, su cuerpecito se humectó,  recibió calor y nutrientes, asombrada se preguntaba”¿volveré a ser”?; con pies diminutos se fue hundiendo cada vez más, como si quisiera escarbar y apoderarse de ese trozo de tierra que ya la poseía; pelitos blanquecinos brotaron de su cuerpo que como pseudopodios  buscaban la savia nutricia; fueron creciendo, se afianzaron en la tierra, el agua abundante apagó su sed.

Pasó tiempo, hasta que cierto día ella curiosa quiso saber de su entorno, despacito empujó la tierra y brotó como un tallo delicado que, de a poco iluminado por los rayos del sol,  tomó fuerza y rigidez; se hizo altivo, casi solemne y  se expandió con ramas que, desde lo alto crecieron y se dispersaron, brotes verdes las cubrieron y nacieron las hojas, finas puntiagudas; el aire tibio, lleno de perfume y color anunciaba la primavera, se formó su abundante copa, que de tan abundante se inclinó hacia las aguas del río.

Aquella forma amorfa, pero con potencial de vida, se transformó en un hermoso sauce; mientras el rocío mañanero le daba brillo y esplendor, él al compás de suave brisa, se remojaba besando el agua y ella dichosa lo recibía, ¿ acaso un romance entre las olitas orilleras y el sauce que lloraba de felicidad?.

 

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