Hace unos 15 días que dejé de ver a Florencia, mi psiquiatra, mis sesiones con ella eran fabulosas, la veía más o menos seguido, y entonces me despachaba a gusto, le contaba de mis temores y angustias, de mis proyectos y mis pasados traumáticos, de mis odios y amores; dicen según leí, un tal Pichón Riviere, que una se enferma por amor y por odio, así entre suspiros, lágrimas y risas tontas transcurría la sesión.
Ella sentada en el sillón, a veces cabeceaba tras un bostezo disimulado y de repente mirando el reloj me despedía con un… “bueno hasta aquí llegamos, es conveniente que pienses muy bien el porqué de lo que te está pasando, también lo podés escribir, si te resulta mejor, hasta la próxima Silvi”; yo a veces, me quedaba perpleja, pues sentía que mi discurso había sido inconcluso y casi no entendido, ya que ella aletargada, parecía presa de otros vaivenes.
La última vez que nos vimos, en lugar de darme un beso en la boca a través del barbijo, lo cual siempre me llamó la atención, ¿será trans? pensaba yo, pero claro nunca le dije nada, bueno como estaba contando, ese día me besó en la frente, ¡que raro ¡ pensé; al instante sentí mi mente despejada, en plena libertad, sin mis pensamientos habituales, diría casi feliz.
Esa misma noche Flor me llamó: “hola Silvi no vengas más, estás curada, hiciste una transferencia, ahora yo soy tu mamá castradora, tu marido hipócrita, tu hijo drogadicto y aquella amiga tuya mentirosa”- ¡qué! no entiendo nada_ “sí, hiciste una transferencia, estás curada no vengas más, chau”- pero Flor…- y sin escucharme me colgó el teléfono, a pesar de mi asombro yo me sentí bien, muy bien. Pobre mi amiga Florencia ¿ se habrá vuelto loca de repente?.; ; me dio pena, pero no me sentí culpable, noo para nada.
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