Sentados en la confitería frente a frente, no hacen más que mirarse, de repente ya sin poder tolerar más la mirada penetrante de su hija, se da vuelta hacia la calle, la que a través del vidrio observa sin ver y piensa: mi hija querida se fue a Europa con apenas 18 años, becada por el Mozarteum a perfeccionarse en canto lírico, recorrió países y salas de concierto, y ahora, tantas preguntas agolpadas en mi garganta, tanto para contar y no se me ocurre nada.
La recuerdo de pequeña dibujando personajes, con sus diálogos y monólogos, y más tarde cantando bajito por toda la casa, hasta que un día pidió ir al conservatorio de música a estudiar canto; cuánto hace de aquél entonces!; ahora la veo tan distinta, claro ya no es mi nena pequeña, sino toda una mujer y yo estoy envejeciendo, ¡ qué necesidad de abrazarla y de hablarle como siempre, pero siento que no puedo, la emoción me embarga, falta nada más que derrame lágrimas, no sé si de alegría o tristeza porque pronto se irá otra vez.
Y ella piensa : pobre mi papá , está muy cambiado, más canoso, introvertido, ¿quizás desde que se separó de mama?; ¡qué pena!, los extrañaba tanto, volví por ellos para verlos, y me encontré con la sorpresa, pero bueno es mejor así, siempre pensé que sin afecto la vida es más difícil, yo me consagré al arte, pero espero algún día encontrar un amor que me complete. Y de repente:” sabes papá voy a cantar en la Öpera de Viena” La Traviata”, a vos te gustaba tanto…, ¿qué te parece si vienes a verme y con mamá?, los llevaré de paseo a conocer diferentes lugares, yo les pago los pasajes”, él se volvió a mirarla con ojos brillantes,” ¡oh me encantaría!, sería bueno, muy bueno” y entusiasmado la tomó de las manos, apretándolas entre las suyas, “mis manitas pequeñitas de cuando te llevaba a la escuela”, “jaja papá sí, ¿te acordás”?; recién se percataron de sus vasos de agua y divertidos brindaron por su próximo encuentro.
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