Vive conmigo desde hace años adosado a una pared del dormitorio, lo viste un marco plateado con finos trazos ondulados, que semejan cadenas engarzadas.
Cada vez que me cambiaba de ropa o lucía un peinado nuevo, me presentaba frente a él con mohines y sonrisas impostadas y él, me devolvía hermosas imágines de mí, tan sensuales, tan picarescas; yo le tiraba besos de agradecida, él parecía conmoverse por mi gesto, vibrando con brillitos titilantes. Pero desde hace un tiempo, mi espejo ya no es tal, creo que perdió la razón, pues me devuelve una imagen que no soy yo, me refleja distinta, mis cabellos parados y rígidos como estacas, con unos ojos enormes y extraños que no me miran, los dientes superpuestos, todo mi rostro en una mueca; espantada me pongo de costado, ¡ha! todo mi cuerpo distorsionado, perdió los límites!, no reconozco mi cintura, me veo cuadrada o redonda, ya no sé, ¡pero ésa no soy yo!, ¿o si?.
Entre ambos había como un enamoramiento, recuerdo que yo me miraba y él siempre con alabanzas, “niña bonita” me nombraba, “mi ninfa adorada, mírame siempre, no te apartas nunca de mí” , ¿y ahora qué?, ¡qué extraño todo!...entonces, una gran duda me perturba: ¿yo sufrí una metamorfosis, o él se transformó en un pobre vidrio triste y opacado por los años?.
No hay comentarios:
Publicar un comentario