HISTORIAS
Un hombre y una mujer sentados en el bar frente a un café compartido; ella lo observa con amorosa sonrisa, hace tiempo que no se veían y finalmente ese encuentro tan deseado se produjo; ella sabe de su mundo interior, exquisito e impenetrable, por eso su mirar entrañable; él es poeta y a veces se abstrae en sus ensueños.
La calidez del bar los abriga, afuera un frío invernal con árboles desnudos y un sol desdibujado por nubes; él observando el edificio de enfrente con la visión de sus ventanas, va pergeñando pequeñas historias a traducir luego, en una novela o cuentos; en la vereda de enfrente un farol de luces apagadas y la melodía de un vals en el recuerdo, cercanos a ellos del otro lado del vidrio, dos hombres conversando, ambos parecen no ser amigables, uno de ellos de espaldas, en actitud arrogante, con las manos en los bolsillos quizás provocativo, y el otro con mirar socarrón, ¡qué extraño! en el abrigo que éste lleva puesto, se refleja el rostro de ella, de Emilia su amada de siempre, con su postura y parte de una manga de su pullover, Roberto se vuelve a mirarla , y sí la ve toda iluminada, ¡Ah! son las jugarretas del sol, piensa y se sonríe pícaro –vamos querida- le dice, -ya es hora, aunque nuestros encuentros son cada tanto, siempre te espero y ansío-, salen de la confitería tomados de las manos, el auto ahí estacionado los espera.
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