viernes, 2 de julio de 2021

UNA FANTASÍA Y UN RECUERDO

UNA FANTASÍA Y UN RECUERDO

Un aire gélido entró por la ventana, aturdida por pensamientos tormentosos, me pareció vislumbrar muñecos de nieve, que con un aire burlón me saludaban haciendo la venia, yo los miraba perpleja, formas extrañas, blanco algodonosas pendían de las copas de los árboles, las casas aledañas  cubiertas de escarcha, daban la impresión de estar hundidas en un terreno, semejante a helados de crema americana, toda una superficie helada se extendía  ante mis ojos; me vi con patines deslizándome por ella, tratando de mantener el equilibrio; cada caída mía era festejada por los muñecos con sonoras carcajadas y yo sentada en el piso, divertida, les tiraba bolas de nieve.

De repente toda esa visión se borró, pensé -es el intenso frío que me hace imaginar cosas-; fui hacia la ventana para cerrarla y correr las cortinas tan hermosamente bordadas, pero me quedé observándolas, deslizando mis dedos sobre el fino bordado y otras visiones surgieron delante de mis ojos, de allá lejos de mi infancia: noche fría invernal, la cocinita pequeña, calor de hogar, las hornallas prendidas  y el hervor de hojas de eucaliptus con su exquisito aroma, me veía sentada en el regazo de una tía, hermana de mi papá, que vivía al lado de nuestra casa y mi madre siempre hacendosa tejiendo, bordando, ellas solían cantar canciones pueblerinas  de su juventud, yo las escuchaba embelesada, hasta quedarme a veces dormida, mi padre se acostaba temprano, pues debía madrugar.

Cuando dejé de contemplar la cortina, con una mezcla de tristeza  por lo que fue, pero que guardo en la memoria, en el corazón, dirigí mi vista nuevamente hacia el exterior de la ventana, y vi una noche estrellada tan clara, tan azul celeste y la luna tan pletórica  que volví a sonreír tras el sabor salado de mis lágrimas; las copas de los árboles semidesnudas, se movían levemente como arrulladas por una brisa apenas, con la oscuridad ya avanzada, las luces de las casas vecinas  de a poco se iban convocando; me volví al sillón,  tomé el libro que allí había dejado, uno de Isabel Allende autora que suelo leer, marqué la página con un señalador, bajé la estufa y me dirigí a la cocina a prepararme una sopa caliente, mientras la música de un Bossa Nova Jazz relax, me seguía acompañando.

 

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