MI TÍA "LA PÁJARA PINTA"
A mi tía Tota, hermana de mi papá la llamaban: "la pájara pinta", ¿saben porqué? por su costumbre pícara o manía, de embadurnar todo o cualquier cosa que tuviera delante, así sea una pared, un picaporte, una silla , una taza, un chupete, etc,etc.
Se apropiaba de todos los lápices de la casa, le sacaba las pinturitas a los chicos, las témperas y los pinceles; si uno se descuidaba, también misteriosamente desaparecían los esmaltes y cosméticos de mis primas. Para colmo era algo sorda y corta de vista, ingenua y torpe; pobre pájara se lo creía todo y cuando por burlarse de ella, le cantaban "anda pájara pintate algo", ella sin chistar, corría rápido a cumplir con lo indicado.
Persona simple y sensible, mi tía era oriunda de un pueblo chico de provincia; de familia numerosa y religiosa no podía evitar terminar sus pinturas con un angelito y si era negro mejor, sí, los angelitos eran su marca registrada y el negrito de alas desplegadas, casi diría su firma. Aquí van algunos anécdotas: una mañana, el cucharón de madera que mi abuela solía usar para revolver la polenta lo llenó con una pintura amarilla, embadurnada de agua ras, cuyo olor fue imposible de eliminar, por supuesto, tal cucharón no se pudo usar nunca más.
Los delantales de los chicos aparecían pintarrajeados, con manchas de bordes imprecisos, semejando un cuadro surrealista, otras veces eran pintitas como lunares o enormes cintas ondulantes de distintos colores.
MI tío Leandro el esposo, cierta vez para complacerla, le regaló un poster que era una réplica de Juanito Laguna, ya que ella era tan caritativa y parecía un alma en pena, ¡para qué!, ¿les cuento?, claro le encantó y tratándose de un Berni, pensó que se volvería famosa, si lo marcaba con su impronta, y así lo llenó de angelitos negros por los cuatro costados, todos diminutos y en el medio uno enorme, con las alas bien desplegadas y brillantes ojos azules; y ¿ "Juanito Laguna dónde está"? le preguntaron "y ahí detrás del ángel, no lo ven", contestaba.
Mi tía Tota era puro impulso, queriendo engalanar el comedor, cierto día descolgó unas cortinas blancas de finísimo broderi, recién compradas y las coloreó con todos los colores imaginables, los primarios y los compuestos y al final como broche, el angelito negro.
Consternada la familia, decidió guardar celosamente todas las pinturas:los esmaltes y los labiales, las acuarelas y las témperas, pero ¡he aquí la gran sorpresa! tres días después la pared del living, la que se veía apenas entrando a la casa, apareció manchada de una pintura de dudosa procedencia y ¿qué pasó entonces?, no lo sé; la historia de mi tía Tota, "la pájara pinta", así me la contaron, así la transcribo.
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