ANDANDO EN LA VIDA
Aquél tiempo se había detenido para siempre, aún tenía grabada en su retina las miradas de odio de aquél hombre, alardeaba de ser el mejor maestro de la escuela y ser un experto en razas y seguramente también en razias.
Ella cursaba primer grado, recién había cumplido 6 años y se sentía diferente, discriminada por la mayoría, especialmente cuando en la hora de religión, debía salir de la clase junto con otros pocos compañeros, entonces en otra aula le daban lecciones de moral que nunca entendía nada, de tan distraída y apenada que estaba; en los recreos los burlaban y no los dejaban participar en los juegos, a la salida de la escuela últimamente, también los apedreaban, entonces tenía que apurar el paso o salir corriendo, ¡cuántas veces! llegó a su casa bañada en lágrimas y con alguna que otra lastimadura.
El ambiente en su casa era de preocupación y en la calle cada vez más denso, en especial de noche se escuchaban marchas de pesadas botas, eran los llamados "camisas pardas"; muchachos fornidos con gorra y rostro inexpresivo, que cometían distintos vandalismos contra negocios y familias judías; además de considerarlos una raza "inferior", los acusaban de usureros y de acumular riquezas a costa del pueblo sufriente.
Los judíos fueron los chivos emisarios, de una situación socio-económica difícil, en la Alemania de los años 30; esta circunstancia más los discursos inflamados de un demagogo, un loco carismático tomado como líder, fueron la siembra. Así jóvenes de escasa instrucción y futuro incierto enarbolaron la bandera del fascismo; con cánticos y consignas varias, extendiendo su brazo derecho al compás de ¡heil hitler!, comenzaban su faena nocturna, y la noche transcurría plagada de gritos, socorros y ayes de dolor; por la mañana diferentes edificios aparecían con las pintadas de la cruz esvástica.
Elena recordaba todo eso con horror, su familia no era religiosa, simplemente respetaban las tradiciones, quizás en homenaje a sus antecesores, todos alemanes de generaciones. En ese entonces sus padres, ambos profesionales hablaban de la necesidad de emigrar, pues sus vidas y de los hijos corrían serios peligros, pero no lograron escapar, esa misma noche, su hogar sufrió el atropello de la barbarie; su padre mal herido y arrastrado afuera, ante los gritos y súplicas de su madre y el llanto desconsolado de su hermano menor, de apenas 4 años de edad.
De su padre no supo más nada; ella con su madre y hermano fueron despojados de todo y más tarde, deportados a un campo de concentración en Polonia; luego supo que su hermano con el estigma de judío por la circuncisión, corrió la suerte de miles de otros niños, su madre no pudo resistir tanta crueldad; aún resuena en sus oídos su llanto quedo.
Elena siempre pensó escapar, y cierta noche oscura de estrellas, con su cuerpo tan escuálido, pudo pasar a través del alambrado que cercaba el campo, y echó a correr con tanta energía ignorada y tanta distancia, que cayó desmayada entre pastizales.
Al día siguiente, se halló en una casa con gentes desconocidas, una familia que la protegió y la adoptó como una de los suyos, así fue creciendo con una identidad ficticia y una vida prestada.
Ya mayor no quiso permanecer en la vieja Europa y emigró a América; conoció el amor, tuvo hijos y nietos, profesora en ciencias sociales dedicó toda su vida a la lucha contra el racismo, bregando por los derechos humanos;......¡qué invento esto de las razas! era su slogan.
Elena había sido una joven muy bonita, rubia de grandes ojos celestes y tupidas pestañas, parecía pertenecer a la "noble" raza aria; ahora es una viejecita enjuta, pero aún de expresión vivaz. Hoy sentada frente al televisor, con la mirada abierta los ojos brillantes, observa en la pantalla el festejo mundial, de cuando el triunfo de los aliados en esa guerra absurda..., que finalmente terminó un 8 de Mayo de 1945. Se pregunta: ¿habrá una tercera guerra mundial?, entonces se sintió temblar y en el contorno de su cuerpo la luz naufragó y se hizo desorden.
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