domingo, 10 de marzo de 2013


REFLEXIONES DE UN VERDUGO


REFLEXIÓN 1: El  otro día alguien me amenazó con ejecutarme, pero si el verdugo del lugar soy yo; no me puedo imaginar mi cabeza mi pobre cabeza rodando por el piso, ¡ay ay! me la estrujo ya.
REFLEXIÓN 2: ¿Pero de que culpas me hablas? Si yo simplemente respondo órdenes, soy apenas la obediencia debida, a la víctima le cubro los ojos y yo lo hago a ciegas mirando para otro lado, ni sé de quién se trata, sus súplicas no las escucho.
REFLEXIÓN 3: A mí también se me acelera el pulso y la respiración y termino bañado en sudor, pero no sé si por lo que hago o por la coraza de la que me rodeo; siempre me digo: yo no tengo nada que ver, sólo es mi trabajo, tan sólo un pequeño estorbo.
REFLEXIÓN 4: Sí es cierto, por más encerrado que esté en mi mismo a veces me quiebro, entonces el llanto de las pobres víctimas me persigue, su sufrimiento me es intolerable, y me veo a mi mismo inmerso en charcos de sangre, ¡horror! Casi visualizo mi propia ejecución.

INDIGENCIA


Estoy cansada de deambular siempre en la calle, con mi atadito al hombro, mugrienta, durmiendo en cualquier lugar, hurgando en las bolsas de basura en busca de mendrugos de pan, restos de fruta lo que sea, con tal de calmar mi estómago siempre hambriento; los deshechos de los otros son manjares para mí; las plazas mi resguardo de paz, mirando jugar a los chicos cierta ternura brota en mi corazón y aún sin querer mis ojos se sonríen; lástima que muchas veces, en especial los chicos grandes me miran con desprecio, los más pequeños en cambio  se quedan mirándome curiosos y luego se van corriendo como asustados. A veces me reúno con otros como yo y conversamos un poco;” ¡cuidado ahí están los linyeras!, nos gritan, “no se acerquen a ver si se pescan algún bicho y se enferman;  ¿no saben que también somos personas, que la sociedad nos ha denigrado casi excretado?, mejor no pienso.
 Cierta noche me pasó algo curioso, soñé que me transformaba en una llave mágica y que con ella podía entrar a distintos lugares: a una panadería, a una tienda de ropa, a una casa con camas confortables y calor de hogar, pero ¡caramba!, cada vez que trataba de meterme en la cerradura no giraba, por más que me esforzaba me era imposible, y así me pasó sucesivamente frente a los diferentes portones, lo único que lograba era lastimarme, torcerme, y hasta su me quebró una de las patitas, pero no me dolió pues yo era tan sólo una llave, lo que sí sé es que elemento de bronce y todo lloré un montón y así me desperté, con mis manos desesperadamente apretadas y en los labios un sabor salado .¿Lágrimas que se deslizaron y tragué?.

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