REFLEXIONES DE UN VERDUGO
REFLEXIÓN 1:
El otro día alguien me amenazó con
ejecutarme, pero si el verdugo del lugar soy yo; no me puedo imaginar mi cabeza
mi pobre cabeza rodando por el piso, ¡ay ay! me la estrujo ya.
REFLEXIÓN 2:
¿Pero de que culpas me hablas? Si yo simplemente respondo órdenes, soy apenas
la obediencia debida, a la víctima le cubro los ojos y yo lo hago a ciegas
mirando para otro lado, ni sé de quién se trata, sus súplicas no las escucho.
REFLEXIÓN 3:
A mí también se me acelera el pulso y la respiración y termino bañado en sudor,
pero no sé si por lo que hago o por la coraza de la que me rodeo; siempre me
digo: yo no tengo nada que ver, sólo es mi trabajo, tan sólo un pequeño
estorbo.
REFLEXIÓN 4: Sí es cierto, por más encerrado que esté en mi
mismo a veces me quiebro, entonces el llanto de las pobres víctimas me
persigue, su sufrimiento me es intolerable, y me veo a mi mismo inmerso en
charcos de sangre, ¡horror! Casi visualizo mi propia ejecución.
INDIGENCIA
Estoy
cansada de deambular siempre en la calle, con mi atadito al hombro, mugrienta,
durmiendo en cualquier lugar, hurgando en las bolsas de basura en busca de
mendrugos de pan, restos de fruta lo que sea, con tal de calmar mi estómago
siempre hambriento; los deshechos de los otros son manjares para mí; las plazas
mi resguardo de paz, mirando jugar a los chicos cierta ternura brota en mi
corazón y aún sin querer mis ojos se sonríen; lástima que muchas veces, en
especial los chicos grandes me miran con desprecio, los más pequeños en cambio se quedan mirándome curiosos y luego se van
corriendo como asustados. A veces me reúno con otros como yo y conversamos un
poco;” ¡cuidado ahí están los linyeras!, nos gritan, “no se acerquen a ver si
se pescan algún bicho y se enferman; ¿no saben que también somos personas, que
la sociedad nos ha denigrado casi excretado?, mejor no pienso.
Cierta noche me pasó
algo curioso, soñé que me transformaba en una llave mágica y que con ella podía
entrar a distintos lugares: a una panadería, a una tienda de ropa, a una casa
con camas confortables y calor de hogar, pero ¡caramba!, cada vez que trataba
de meterme en la cerradura no giraba, por más que me esforzaba me era imposible,
y así me pasó sucesivamente frente a los diferentes portones, lo único que lograba
era lastimarme, torcerme, y hasta su me quebró una de las patitas, pero no me
dolió pues yo era tan sólo una llave, lo que sí sé es que elemento de bronce y
todo lloré un montón y así me desperté, con mis manos desesperadamente
apretadas y en los labios un sabor salado .¿Lágrimas que se deslizaron y
tragué?.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar