viernes, 22 de marzo de 2013


AÑORANZAS

Pedro es un influyente abogado, vive en una casa de 2 plantas con jardín y garaje; atesora cuadros de gran valor, pues tiene un hobby, es un asiduo concurrente a salas de exposición pictórica y compra cuanto cuadro le atrae; aunque no es un gran conocedor de pintura pero sí dueño de un gran snobismo que lo lleva a estar presente, mostrarse y rápido .sacar su billetera.Su familia está compuesta por su mujer, insulsa y frívola como una Barbi y como ella luce cabello dorado, reluciente, trabajado en peluquería y ropas llamativas, algunas extravagantes; tiene 2 hijos pequeños: un niño de unos 6 años, bastante aplicado en la escuela, pero con algunos problemas de conducta que Pedro trata de ignorar, tomando distancia de cualquier problema que lo pudiera perturbar; la nena de 4 años es pizpireta, con gestos teatrales trata de imitar a su madre: como habla, como camina como gesticula, lo cual hace sonreír a algunos y fastidiar a otros, en especial a la mucama y a la cocinera.
A Pedro le gusta llegar temprano al estudio , conocer y comentar los chimentos del día; tiene secretaria y varios colaboradores que se ocupan de los expedientes en los distintos tribunales, esas son las tareas más ingratas; él en cambio atiende personalmente a su vasta clientela; a veces se reúne con un colega para tomar café y departir una charla amable, dice no interesarle la política más bien evita hablar,  ése es su modo de ser frente al mundo; a veces piensa: sería interesante tener una amante, en el mundillo de los abogados se estila.
Una tarde en que estaba bastante cansado pues había tenido un día agotador, se relajó, se despojó de su coraza habitual y despacito  se fué sumergiendo en las brumas del pasado; se vió niño en una casa humilde, en un pueblo chico de provincia cercano al mar, era un pueblo de pescadores; ya en las madrugadas su padre se lanzaba al mar y a pesar de que conocía bien su oficio era siempre una aventura, que la turbulencia de las aguas, que si estarán calmas, que las mareas y las corrientes submarinas; eran hombres fornidos, conocedores del mar, pero había que estar siempre atento, pues cada día  era sorprendentemente distinto, por los vientos, por la luna,por el habitad de las aguas y también por el humor de los hombres.
Veía a su madre que se afanaba en las tareas hogareñas y en el cuidado de los niños; tenía un gran anhelo: que sus hijos pudieran estudiar, tener una profesión y ser independientes.
 Pedro con sus dos hermanos ayudaba a su padre a preparar los pescados para la venta; siempre le impresionó ver como aleteaban abriendo la boca y grandes los ojos, y sus espasmos convulsivos en la lucha por la vida.
Una madrugada de tempestad el mar bravío se llevó a su padre; "se durmió en el regazo de una sirena";ese era el cuento habitual para los niños, pero todo fué dolor y el llanto de su madre intolerable, al poco tiempo se mudaron a la ciudad.   Unos golpecitos tenues en la puerta lo sobresaltaron, era la secretaria que le traía una carta, lo miró raro, sí Pedro sin darse cuenta había estado llorando; abrió la carta:"Hola Pedro, ¿cómo estás? yo me quedé en el pueblo, siguiendo la vieja tradición soy pescador, y estoy en litigio con la companía pesquera que nos explota, sé que sos abogado y sé de tu prestigio, no podré pagarte quizás, pero en nombre de nuestra vieja y tan querida amitad necesito que me ayudes,  espero respuesta, que estés bien, te mando un abrazo, tu compañero de banco de la primaria". Alberto
P.D. ¿Te acordás aquella vez que llenamos de papel picado el escritorio de la maestra?, y cuando nos retó vos no sabías donde meterte, eras muy serio, yo me reventaba de la risa y trataba de esconderme debajo del pupitre; todavía ahora me divierte, ¡pobre!, era tan buena y tan jóven como la veo ahora.  Pedro entrecerró los ojos, claro que lo ayudaré; de la añorancia aquella se proyectó al futuro, se vió volviendo a su pueblo natal, a recorrer sus calles, al murmullo a veces atronador del mar, a ocupar una de esas casitas bajas estilo ibérico, pero la suya estaría bien ambientada con su estudio adelante y chapa en la puerta y dispuesto a trabajar por la gente del pueblo, en defensa de sus derechos y reivindicaciones.También navegaría por ese mar azul y verde pero no como pescador, sino por puro  placer y con sus hijos a bordo, sería bueno para ellos conocer esa naturaleza cálida y la cierta inocencia de los pueblos; suponía que lejos de la ciudad, sus hijos serían más felices.
De pronto sonó el teléfono: "¿si?," "hola querido te recuerdo  la cena de esta noche en casa de los Pérez, irán todos no te olvides, no llegues tarde", "sí querida claro, esperáme para las 8, un beso".   
  

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