sábado, 5 de diciembre de 2020

PEÑA MIA

La tarjeta de invitación anuncia: el sábado peña folklórica, músicos en vivo, damas y caballeros de elegante sport; ¡”qué hermoso pienso”! nuevamente músicos y bailarines desplegándose en armonías y vaivenes.

El salón del club vestido de fiesta, con sus luces multicolores que semejan  pequeños soles, en el centro la amplia pista preparada, en derredor mesas con amigos en tertulia, el aroma de las empanadas empapando el aire, noche cálida de verano, una suave brisa penetra por las ventanas abiertas al parque, en el pequeño lago artificial, algún pato nocturno distraído sigue su rutina.

De pronto se escuchan los primeros acordes, el animador festivo, invita a bailar. {as parejas en fila se agrupan en la pista, ya todo comienza: las chacareras vibrantes, el floreo de ellas envolviendo el gallardo zapateo, el suave deslizar de la zamba alborotando los pañuelos; su lenguaje es sutil, alternan la caricia con el rechazo, el pícaro ronroneo y el disimulo implícito, mientras un “gatito” travieso se escurre entre las polleras.

La alegría del sábado peñero me envuelve en su calidez, me siento partícipe, la noche transcurre sin tristezas desparramadas, ya cerca de la madrugada pestañean las luces del salón,  ¡ah! La fiesta ya termina; se escuchan chasquidos de besos, risas y abrazos por doquier, ”adiós, hasta pronto, nos vemos en la próxima”; mi alma se despide ilusionada.

Los días me transcurren sin tiempos, mientras mi mente dibuja el recuerdo de cielitos, cuecas y de las múltiples danzas de proyección y de tradición acuñadas en el acervo popular y pienso, lástima que no se difunda, si son parte de nuestra cultura y sin embargo tan poco conocidas.

 

 

 

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