jueves, 6 de junio de 2013

YO MANZANA

                                                                                                          
                                                                                                      Para mi nieta Rusbella

¡Yo vivía tan feliz! hasta hace relativamente poco........,mi habitat era un árbol rosáceo, lo compartía con un montón de hermanas tan rojas como yo, nos exhibíamos resplandecientes en esa quinta de árboles frutales; yo soy oriunda de la provincia, sí soy rionegrina. Todavía me parece escuchar la voz de esa niña -"mirá papá, cuantos adornos rojos tiene ese árbol,¡qué relucientes!"- "no son adornos hija, son manzanas"- "¿pero tan chiquitas"?-" ahora las vez pequeñas porque les falta crecer, madurar",- "¡ah! son chiquitas como yo, pero yo ya soy un poco grande"- dicho esto se alejaron, la nena se daba vuelta a cada rato y parecía mirarme tan sólo a mi.
Pasó el tiempo y nadie venía por nosotras, creo que el manzano sufría, ya no toleraba tanto peso y además el tronquito que me sujetaba a la rama, de a poco se fue aflojando hasta que un día me caí, por suerte no me lastimé, porque al piso lo cubría un suave pastito que me contuvo, fue mi sostén; allí quedé depositada, brillante por los rayos del sol; la dueña de la quinta me recogió, me limpió con el dorso del delantal y llamó a los niños- ¡miren cayeron varias manzanas!, ya están maduras, ésta en especial, está intacta y ¡qué apetitosa!"- los niños, creo que eran dos, me pegaron un mordisco y otro y se fueron corriendo, ¡ay! grité dentro mio, ¡me están lastimando!, pero pronto me consolé, son dentelladas pequeñas, ya casi no las siento. Ahora soy simplemente una manzana mordida, estoy triste, me siento abandonada; otra vez el pasto sobre mi piel, si nadie me encuentra puede que cure mis heridas o que me coma un gusano, lo que sí sé, es que ya no soy la misma; estuve así unas horas, hasta que volvió la señora gorda, la dueña de la quinta, cuando me vio enseguida me alzó, me lavó cuidadosamente,-¡qué agradable el agua fría deslizándose sobre mi cuerpo herido!, pero he aquí que esta buena señora decide comerme y no son los pequeños dientes de leche de los chicos, sino fuertes mordiscos que de a poco me van consumiendo; sí implacablemente se cumplió mi destino.
Entre tanto dolor y tristeza tengo tan sólo un pensamiento, que no me abandone mordida y oxidada, sino que llegue hasta mi esqueleto, ¡ay qué horror transformarme en un esqueleto!, pero ¡albricias!, ahí están mis hijas negritas y marrones que al caer en la tierra, podrán renacer, porque en escencia son el germen de cualquier nuevo manzano que pueda ver la luz.
Bueno les conté la historia de mi vida con mi último aliento,les digo adiós , ya casi no existo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL ARTE NO INTERROGA

  EL ARTE NO INTERROGA Lenguaje teatral en un rostro impávido; manos artísticas lo transforman, de un blanco aterciopelado va virando a lo...