domingo, 23 de junio de 2013


 SUEÑO HECHO REALIDAD


                                                                                                                           Para Rusbella

Julián ya pilotea un avión, se siente feliz, sabe que su trabajo requiere destreza, estar atento y concentrado, con reflejos rápidos ante lo imprevisto; se siente importante, pues de él en especial, dependen muchas vidas.
Esa noche cierta modorra lo estaba acorralando, haciendo esfuerzos por no dormirse, comenzó a recordar episodios de su infancia, cuando su madre lo llamaba: Julián,...Julián está la comida, él la escuchaba sí, pero como de lejos pues estaba inmerso en su mundo de fantasía, el de los aviones y avionetas; de muy pequeño se fascinó con los barriletes, y los tenía de distintos colores; los lanzaba a volar y corría alargando cada vez más el hilo; ya un poco más grande quiso tener alas como las aves, como los aviones, para surcar el cielo y volar no importa donde, nada más que por puro placer; cuando vio por primera vez un avión, era de noche y con sus lucesitas titilando supo que sería aviador; armaba avioncitos de papel lo más etéreos posible, para que no se fueran a pique enseguida.Desde ese pasado no tan lejano Julián se sonrió, pues se vio como un niño grande en un avión de verdad; todo a su alrededor se borró, era solo él con su planeador, surcando la inmensidad de un cielo azul poblado de estrellas. La nave se deslizaba lentamente, parecía ir sin rumbo, una música suave lo envolvía,-¡mamá, papá!, miren este avioncito como se desliza derechito, yo lo dibujé yo lo pinté, yo lo fabriqué, ¿ no es fantástico?-. De repente en medio de ese soñar despierto, escucha gritos:¡ Julián está la comida,......apurate te estoy llamando ¿ qué haces?!, y entremezclados:¡"capitán, capitán¿ qué pasa?,  el avión va muy despacio parece que se detuvo,¿ qué hacemos?! " Julián dio un respingo, se asustó de si mismo y se enderezó en el asiento dispuesto a pilotear nuevamente el avión;  no debía olvidar que en aquellas alturas, él era el comandante en jefe y con una gran responsabilidad; cuando horas después se detuvo suavecito y de a poco en el aeropuerto, los pasajeros muy contentos lo aplaudieron: "¡hurra, hurra!, ya hemos llegado, viva el capitán, viva!"....Julián los saludó con la mano en alto "¡chau, adios!, hasta cualquier otro día".    

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