sábado, 15 de junio de 2013

 

CASA TOMADA DE JULIO CORTÁZAR

(JUEGO LITERARIO):

Sabes Roberto, anoche soñé con la casa de los abuelos: cuando en los veranos nuestros padres llenaban la camioneta hasta el techo, y con el baúl que apenas cerraba viajábamos dando tumbos, rumbo a su casa. Nos recibían con abrazos y comentarios mil " ¡ah! ¡hola! ¿cómo están?, ¡qué alegría!, ¡qué grande que estás Mariela, qué crecida!, y vos Roberto todo un hombrecito ya;" lo primero que hacía yo, era correr hacia el fondo y el jardín y las habitaciones todas, eran¡ tan espaciosas!, nada que ver con nuestro departamento de ciudad; me revolcaba en el pasto y rápido corría a la hamacas, y vos persiguiéndome con el juego de la mancha, enseguida la abuela nos traía las tortas y los dulces hechos en esa cocina tan especial ¡qué sabor, qué aroma!, aún me parece verla con su delantal naranja siempre atareada, y cuando por las noches nos recogíamos ahí mismo, en la cocina, a cantar canciones y escuchar cuentos, el abuelo a veces tocaba el violín, mientras la abuela acompasaba con la cabeza y los pies; generalmente era mamá que cebaba mate, ¿y papá qué hacía?, sí, él como gran lector tenía su mundo propio, se perdía en la biblioteca de la casa, era capaz de quedarse horas y nosotros después de un rato, nos escondíamos debajo de la mesa o detrás de las sillas, y empezábamos a hacer lío, eran juegos de manos y piernas, con gestos y muecas cómicas; yo me divertía mucho, finalmente era tal el barullo que hacíamos, que nos enviaban a la  cama. Compartíamos el dormitorio, primero era la guerra de almohadas,  luego las sombras de la noche dibujadas en la pared nos llenaba de miedo, entonces nos tapábamos con las sábanas hasta la coronilla, ¡que divertido era!.
A Mariela  se le llenaron los ojos de lágrimas, con nostalgia infinita volvió a tomar su tejido, que cual Penélope, con sus agujas veloces tejía y destejía. Ya los abuelos no están, sus padres tampoco  -Roberto ¿qué habrá sido de la casa?, no volvimos nunca más, a veces se me figura que está ocupada, sí, que fue tomada por intrusos, necesitados o no pero era nuestro refugio; quizás no pudimos hacer nuestra vida por separado, porque así unidos como estamos, somos el resguardo vivo de aquél pasado tan querido, y que tan celosamente guardamos.   

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