domingo, 16 de septiembre de 2012



UN ABSURDO MÁGICO


El verano pasado a  Raúl le ofrecieron un trabajo, con buen sueldo y posibilidades
de progreso, como estaba con grandes dificultades económicas, se emocionó hasta
las lágrimas, su mente fue como un torbellino de ideas y deseos confusos, las
preguntas que quería formular, morían en sus labios; el hombre, supuesto empleador
que lo notó pálido le propuso; venga, entremos en la confitería de la esquina, con
un café caliente se va a reanimar, Raúl lo siguió  como sonámbulo y cuando se
sentaron frente a frente en aquella mesa, como por arte de magia, recuperó la
compostura, su fuerza interior; volvió a ser en esencia, un hombre tranquilo, cordial,
pudieron conversar y finalmente concretar el trabajo que aún conserva,; se despidió
con los ojos brillantes ,al salir observó la fachada de la confitería pintada de verde, donde relucía su
nombre: "La Esmeralda", al costado un farol que de pronto se encendió,
desparramando una luz también verde como una esperanza. Era uno de los últimos
reductos de los bares notables.
A Marina la conoció en la oficina, le impresionó de inmediato, se encandiló con
ella y al poco tiempo se sintió enamorado, ella también lo miraba y sonreía de
una manera especial, adrede trataba de encontrarse con él a la salida del trabajo
adelantando o retrasando minutos, caminaban dos o tres cuadras y…. “hasta mañana
chau”; sin embargo ella notaba su interés, parecía tirarle besos con los ojos pero
nada,”qué tipo raro, ¿será tímido?, de alguna manera lo voy a provocar” se decía.
Cierto día lo invitó  al cine, él aceptó distraído, era una película romántica y mientras
los protagonistas se besaban, Marina lo tomó de la mano, primero fue un roce suave,
luego un cálido apretón, pero ¡oh ¡ sorpresa Raúl la apartó rápido y su cuerpo se
enroscó como si buscara cobijarse en la butaca; cuando salieron del cine ambos
estaban cohibidos, se despidieron apenas, él con un balbuceo, ella con la vista baja,
avergonzada; ninguno de los dos durmió esa noche; ella por su amor propio herido,
él por su preocupación creciente;  las buenas nuevas eran su tortura, pues lo
paralizaban; sí, debía consultar con un especialista, pero también trataría de invitarla
a esa confitería  de la calle Esmeralda, su lugar mágico, semejante a un regazo
materno por su calidez, pero…¿cómo? Sí, por un mail, mañana en la oficina. Cuando,
a la noche siguiente estuvieron sentados uno frente al otro, se miraron largamente,
sobraban las palabras, sus manos se buscaron, sus dedos juguetearon, húmedos,
vacilantes, luego se estrecharon cual un abrazo, él se incorporó, se inclinó hacia
ella y estampó en sus labios un beso apasionado y luego: “Marina escuchá: esto tan
bueno que nos pasó es un algo fantástico , propio de este lugar, de su entorno , de
sus luces, su olor singular, en el afuera es distinto, lo que me pasa, es que no sé
dónde está mi verdad, si de repente estoy soñando o transcurro sonámbulo, como
envuelto en una nube, ¿entendés, me seguís?”, Marina lo miró espantada, sólo
pensó en huir.

Felisa Jakubowicz




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