domingo, 16 de septiembre de 2012



 UN SUEÑO CONTRARIADO

Alberto espiaba por la ventana, desde hacía rato y pensaba: como me gustaría estar en esa calle, en medio de la gente que despreocupada camina, pasea; en la plaza de enfrente que, más parece un parque por su extensión y sus árboles añosos, ir por el pasto, recorrerlo todo, subir por las lomitas a la carrera y, en suave caída, abandonarme del otro lado; más allá veo caídas de agua, me parece escuchar su murmullo y sentir su frescor.......¿habrá un lago artificial y botes?. Como me gustaría transformarme en viento, para escapar y dispersarme por doquier, o quizás subirme a un rayo de luna, cuando de noche
se filtra por aquí.....Miró en derredor, era tal la oscuridad, que no veía nada, no,  no había puerta, sólo las míseras rendijas de esa ventanuca. Los gritos de unos niños jugando a la pelota, casi debajo de su ventana, lo sacaron de su breve encantamiento; con tanta tristeza que lo abrazaba, se quedó dormido y soñó que dibujaba una puerta, ahí, al costado, a la derecha, se acercó, pero he aquí, que cuando la puerta se abrió, se encontró con un mundo de seres fantásticos: un duende le tocó el hombro, lanzó una carcajada y con un aleteo suave, se escurrió por los aires, para Alberto fue como una caricia fugaz; inquietos gnomos con un curioso gorro rojo, lo invitaban a bailar en ronda, unos animales desconocidos para él, se paseaban altivos, con un esbozo de sonrisa en sus labios parecían saludarlo con ligero ademán de sus cabezas, también vio un hada sumamente bella, Alberto se estaba enamorando, cuando ella con su varita mágica, quiso transformarlo en un corcel, fue tanto el susto que despertó sobresaltado, todavía confuso, miró a la derecha y sí vio la puerta que había soñado, de madera, color caramelo, lustrosa por el barniz, pero ahora que estaba a su disposición, el terror lo paralizó ¿qué encontraría del otro lado?, ¿un mundo de fantasía absurdo, o la cruel realidad de la desigualdad y la carencia?; había querido luchar por una vida mejor para todos; lo que para él era un reclamo de justicia, para otros, un manifestarse en contra de lo establecido y entonces el encierro, la cárcel. Alberto pensó en su condena, un ligero temblor como un escalofrío lo sacudió, se acurrucó en su catre, e intentó
nuevamente dormir, era su mejor evasión.

                                                                                   FELISA JAKUBOWICZ

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