LOCO DE ATAR?
Miguel vivía encerrado en su casa,
pues padecía de agorafobia, cada vez que por algún motivo debía salir a la
calle, iba acompañado, con la vista baja, mirando apenas lo necesario, pues los
autos, la gente, los ruidos propios, le producían vértigo y un malestar
intolerable: náuseas, palpitaciones, temblor en las piernas, tenía miedo de
caer, las veredas parecían atraerlo con una cruel gravedad. Hacía años que
padecía esa dolencia que, para él no era tal, pues en su casa, se había
fabricado un mundo propio: sereno apacible, varias veces por día a grandes
pasos recorría las amplias habitaciones de su casa, flexionaba y estiraba su
cuerpo, se atiborraba de diferentes lecturas, pues tenía una vasta biblioteca;
a veces cocinaba. A Miguel le gustaba coser, entonces confeccionaba largas
tiras coloreadas, de distintos trozos de tela, restos de ropa que había
pertenecido a su madre; o también unía un objeto con otro, entonces se
escuchaba un largo martillar, que de a ratos se interrumpía brevemente, el
resultado eran formas extrañas que Miguel su creador miraba extasiado. Un
día en que estaba bastante aburrido, tuvo impulsos de salir, se acordaba de
cuando paseaba por las anchas avenidas, con sus padres y hermanos y más tarde
por el parque aquél, el de la pérgola con su novia María, la única que tuvo....
pero ¿y después qué pasó?,no podía recordar, sólo que la calle para él, era una
tragedia griega ¡Bah! yo no necesito ver el afuera se decía si tengo la ciudad
dentro mío y la puedo reconstruir, armar mil cuentos con ella, no obstante
quiso mirar a través del ojo de la cerradura de la puerta de calle; espiaba
vizco a izquierda y derecha, pero no, imposible, sólo luces y sombras,
escuchaba voces, a veces cercanas, bocinazos de repente una frenada brusca, que
él dedujo, fue en la esquina de enfrente, un insulto y otro, un griterío
infernal corridas. el ulular de una ambulancia, y más tarde casi pegado a su
oreja, un llanto quedo, silencioso. A pesar de tanto tumulto
se sentía tranquilo, pues él no estaba expuesto sólo percibía, casi intuía una situación; cuando más tarde todo estuvo en calma Miguel sintió que no se podía retirar de la puerta y ahí se pasó la noche. De repente el afuera empezó a interesarle; temprano por la mañana el despertar de la ciudad lo sacó de su sopor, y entonces le pareció ver a los obreros que aún cansinos, mal dormidos, marchaban a las fábricas, más tarde a los empleados con un andar apresurado dirigirse a las oficinas, los negocios, en cierto momento pudo distinguir la carita de un niño, con su delantal blanco camino a la escuela, no sabe bien porque se identificó con él, sintió nostalgia de su infancia lejana y como una catarata le sucedieron distintas visiones: una plaza, la hamaca, el tobogán, la calesita, vio la sortija ¡qué maravilla!, como la disfrutaba.......;la calle Corrientes con
sus luces y carteles de colores, las colas frente a los cines las casas de comida y en medio de ese fulgor, cada tanto un bulto oscuro con forma humana, durmiendo en un umbral, o en la entradita pronunciada de una casa Miguel sintió un escalofrío; también vio hospitales de pasillos lúgubres, heridos en su estructura, médicos atareados, gente esperando, pobreza y abandono; escuelas despintadas, con algunas ventanas sin vidrios, sanitarios sin grifos, pero los recreos con el bullicio de los niños, alegres, diáfanos. Cuando ya estaba oscureciendo, vio callecitas estrechas, algunas apenas iluminadas, escuchó el estruendo de un tren que se acerca, el ladrido de un perro, el llanto de un bebé una canción de cuna; la melodía de un tango acompasado lo introdujo a un patio de milonga, entrecerró los ojos, se vio deslizarse por la pista en estrecho abrazo con María, sus narinas se dilataron, percibía el aroma dulzón de los azahares........Con esas imágines desfilando delante suyo, se
se sentía tranquilo, pues él no estaba expuesto sólo percibía, casi intuía una situación; cuando más tarde todo estuvo en calma Miguel sintió que no se podía retirar de la puerta y ahí se pasó la noche. De repente el afuera empezó a interesarle; temprano por la mañana el despertar de la ciudad lo sacó de su sopor, y entonces le pareció ver a los obreros que aún cansinos, mal dormidos, marchaban a las fábricas, más tarde a los empleados con un andar apresurado dirigirse a las oficinas, los negocios, en cierto momento pudo distinguir la carita de un niño, con su delantal blanco camino a la escuela, no sabe bien porque se identificó con él, sintió nostalgia de su infancia lejana y como una catarata le sucedieron distintas visiones: una plaza, la hamaca, el tobogán, la calesita, vio la sortija ¡qué maravilla!, como la disfrutaba.......;la calle Corrientes con
sus luces y carteles de colores, las colas frente a los cines las casas de comida y en medio de ese fulgor, cada tanto un bulto oscuro con forma humana, durmiendo en un umbral, o en la entradita pronunciada de una casa Miguel sintió un escalofrío; también vio hospitales de pasillos lúgubres, heridos en su estructura, médicos atareados, gente esperando, pobreza y abandono; escuelas despintadas, con algunas ventanas sin vidrios, sanitarios sin grifos, pero los recreos con el bullicio de los niños, alegres, diáfanos. Cuando ya estaba oscureciendo, vio callecitas estrechas, algunas apenas iluminadas, escuchó el estruendo de un tren que se acerca, el ladrido de un perro, el llanto de un bebé una canción de cuna; la melodía de un tango acompasado lo introdujo a un patio de milonga, entrecerró los ojos, se vio deslizarse por la pista en estrecho abrazo con María, sus narinas se dilataron, percibía el aroma dulzón de los azahares........Con esas imágines desfilando delante suyo, se
pasó los días atisbando el exterior,
ya tenía la barba bien crecida, el cuerpo
encogido, se había olvidado de comer y
cuando se dormía, soñaba con su ciudad, una mezcolanza de hechos verídicos y
fantasiosos. Su empleada comentaba, el Sr. Miguel se volvió loco, vive
pegado a la puerta de su casa, no lo puedo sacar de ahí, pretende mirar por el
ojo de la cerradura, un algo que
no puede ver, que sólo está en su
cabeza, sí está loco, loco de atar.
FELISA JAKUBOWICZ
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