LA MILONGA VERSUS EL TANGO
Con porte digno y mirada traviesa, contoneándose llega la milonga al baile; ya está en la pista acaparando el lugar, envuelta en la música, ligera, con suave vaivén, se balancea hacia adelante y atrás, luego mientras se desplaza con cruces y descruces, va girando sin parar; hay un algo de candombe en su alegre andar. La milonga coquetea, se divierte, es la reina de la noche, y mientras ella baila, llega él. Atrayente, con andar majestuoso, a diferencia de la milonga, no es el bailarín festivo, sino el compadrito serio, a veces adusto, otras sensual, se desliza con piruetas mil según el estilo, según la ocasión; entregado a la música en un abrazo pasional, se pierde en su magia y ya su entorno se diluye, es el tango que despojado de todo , baila, se transforma, trasciende.
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