CASTAÑUELAS
La fiesta estaba en su
apogeo, al compás de una música con cadencia española, las parejas se lucían en
la pista, una suave luz bailoteaba por el salón, discurría desde el techo
envolviendo de colores todo el recinto.
Yo sentada en un rincón,
miraba con disimulo en derredor en busca de una pareja, pues me moría de ganas
de bailar, y no pudiendo con mi genio, despacito me incorporé y comencé en el
lugar a mover los brazos y el cuerpo al estilo gitano, luego de a poco ,me fui
desplazando olvidada de todo, casi me sentía sola en el salón, cuando de
repente, un apuesto chico andaluz, vestido a la usanza gitana, se puso a la par,
y con giros y contorneos arabescos, bailamos al compás de esa música tan
sensual, tan especial, al rato
comenzamos a decirnos cosas: ”eres hermosa como una rosa”, me murmuraba quedo,
y yo:”tienes el perfume de un fruto maduro que no puedo precisar, o quizás
hueles a jazmin. Así recorrimos toda la
pista, luego salimos al jardín aledaño, a contemplar la noche rica en
estrellas; hablamos pavadas y nos contamos mentiras; nos besamos, nos dijimos “
te quiero”.
Solo fue la aventura de una
noche andaluza, con castañuelas como campanillas resonando en nuestro corazón.
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