Espacio- tiempo ¡qué disyuntiva!; en un bar de aspecto colonial, cierto día el cucú que da las 12 de la medianoche, se escapó del antiguo reloj decidido a dar un paseo, --total el bar ya cerró, en apariencia está vacío y apenas iluminado-; apoyó un pie sobre el perchero y el otro, luego sus manos y rápido con un salto alcanzó la mesita que había debajo, las revistas y diarios, allí puestos amortiguaron el golpe y los ruidos impertinentes.
Comenzó a recorrer el local; el gato dormía pacífico en un rincón y Lucas el perro con un ojo abierto al lado de la puerta; se frotó las manos –ésta es mi noche por fin pude salir de mi encierro y tomar un poco de aire, pero también me tomaré un cafecito, hace mucho frío y la calefacción está apagada -, se acercó a la máquina expendedora y al rato ya sentado en una mesa como un parroquiano, de los muchos que allí concurrían a distintas horas del día, conversaba con un interlocutor imaginario; a Don Julio lo veía siempre desde el vidrio esmerilado del reloj, le resultaba simpático, lástima que no podía intervenir en su conversación, pero ahora sí se daría el lujo de poder expresarse.
-¿Sabe Don Julio? El mundo es todo una farsa, tantos acuerdos, tantas contradicciones y cada cual hace lo que le parece, sin tener en cuenta al vecino, si después de todo es la vida de uno. Hace poco fue la festividad por San Martín y todo el mundo de farra, ¡qué loco! Si era el aniversario de su muerte, ¡qué hazaña la suya!, héroes así ya no figuran, acaso ¿Ud se atrevería al cruce de Los Andes y así como él lo hizo con esa precariedad en los caminos y su mala salud acechando?; pero tuvo sus amores, amores secretos, ella también ¿sabe?, sí la Remedios que luego fue su ex, él como buen macho no la perdonó nunca, pero que iba hacer la pobre con el marido siempre lejos, ella tan bonita y graciosa con los impulsos juveniles a flor, además estamos todos necesitados de afecto, yo también; me siento tan solo ahí encerrado…, por eso decidí bajar y escaparme si fuera posible -.
-¡Uy! Una mujer se detuvo frente a la vidriera y escudriña el interior del bar como buscando algo, pero no, está observando los cuadros de la pared, sí, son bastante interesantes; sabe Don Julio, yo casi no los miro, más bien además de dar las horas, con los minutos y segundos , me dedico a escuchar las conversaciones, sacar mis propia conclusiones y así distraerme un poco. Sabe Don Julio, creo que me filtraré por debajo de la puerta y daré una vuelta; ¿porqué tengo que ocuparme del tiempo de los demás? ¿ y el mío propio?, ya lo decía Einstein, el tiempo es una construcción imperfecta, cada uno tiene el suyo, ya ve es relativo; ¡yo me voy y listo!, ¿adónde? A recorrer el mundo, a otros relojes con las horas cambiadas según las latitudes, que el dueño y los parroquianos se acomoden a esta nueva realidad, chau Don Julio -..y el tiempo se fue nomás.
Al día siguiente mientras abría el negocio, el dueño con ese sentimiento lacrimoso por mal de amores, cantaba silbando : “reloj no marques las horas, porque voy a enloquecer”, cuando de repente al darse vuelta y mirar el reloj vio que estaba parado, se quedó estupefacto, -¿cómo? En 20 años que estoy acá nunca pasó, es un reloj perfecto, ¿será que de tan perfecto escuchó mi canción y se detuvo en un tiempo sin tiempo? -
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