MUNDO INTERIOR
Ella solía pasear por los jardines, siempre vestida de blanco con volados al viento, una larga cola en el ruedo que a veces, una brisa impertinente levantaba y parecía gemir a su alrededor; se abrazaba a los árboles con el rostro oculto por quedos sollozos, al rato sonoras carcajadas sacudían su cuerpo, la mirada brillante como perdida en recuerdos, entonces comenzaba un parloteo anodino, distorsionado, con palabras inventadas y contradictorias; siempre la misma historia: que falsas promesas, que relaciones caducas, que días felices, que amores trasnochados, todo ello acompañado de gestos y amplios movimientos corporales.
De repente detenida ante una planta le hablaba en susurro, la despojaba de sus flores, e hilvanaba con ellas una corola que colocaba sobre su frente, luego con azuladas campanillas, formaba un ramillete que suavemente acariciaba, se sonreía feliz, sus labios modulaban un nombre y enseguida la ira asomaba en sus ojos ¡”mentiras, mentiras, adulador, hipócrita, cállate no quiero escucharte más”! y otra vez deshecha en llanto, tiraba el ramillete con furia mientras su boca emitía insultos.
La ven de lejos y corren a ayudarla –“ otra vez con su delirio y esa cháchara incomprensible” –“no creas para ella tiene un sentido, ojalá lo pueda superar, es tan joven y bonita” , Inés caía en trance, la llevaban en andas.
Tiempo después nuevamente en el jardín, su rostro irradia luz reflejo de paz interior, aquellas que la observan comentan: -“qué suerte, parece que Inés ya está de alta, lista para afrontar los aconteceres de la vida “ –“finalmente pudo capitalizar aquella experiencia, en verdad, palabra va palabra viene nunca le entendí nada” –“ yo tampoco” le contestó la otra.
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