RELOJ
NO MARQUES LAS HORAS
Decididamente es un elemento
que no me atrae demasiado, pretende tener vida propia y disponer de la mía; yo,
suelo marcar mi propio tiempo, incluso el relojito despertador que por
exclusiva necesidad, desde hace años me acompaña, descansa sobre mi mesita de
noche dado vuelta, las rueditas y el pequeño parlante de su cara posterior me
resultan más interesantes que sus manecillas girando y la vuelta sin parar
sobre números insulsos, ¿acaso no sería suficiente con el día despuntando y los
rayos de sol atravesando mi persiana y más tarde el naranja rojizo del cielo,
más el esbozo de la luna, anunciando la noche que se avecina?
Alguna vez tuve un reloj
pulsera, regalo de mi abuelo; no era sofisticado como los de ahora, ¡nada que
ver! lo que sí de buena marca, con brazalete de oro y piedrecillas rojas bordeando su cara rectangular, supongo
serían rubíes; apoyado sobre la cómoda cada tanto lo consultaba; a pesar de
tenerlo adelantado 10 minutos para que el tiempo no me persiga, llegaba tarde a
todas partes; así perdí un trabajo interesante pero no lo lamenté, si con mi
bohemia y mi arte callejero tengo un buen pasar y ando por la vida tranquilo y
feliz, pero caramba, a veces me quedaba sin comestibles, pues los negocios me
cerraban las puertas casi en mis narices.
Cierta vez tuve una cita
amorosa que realmente me esperanzaba, pero no llegué, los 10 minutos alterados
de mi reloj constantemente me señalaban: “tenés tiempo, tenés tiempo”, pero, el
tráfico y la búsqueda de un puesto de flores, pues quería llevarle un ramo de
rosas hicieron lo suyo; por más que luego quise comunicarme con ella, me fue
imposible, la respuesta fue siempre stickers de desprecio en mi celular, ¡y
otra vez la desilusión!, pero a mi se me pasó rápido, en cambio sus stickers se
sucedieron por bastante tiempo.
Fueron tantos los reveses
ocurridos por los 10 minutos de adelanto y mi dispersión a causa de ello, que
para tenerlo más presente decidí usarlo según su diseño: como reloj pulsera; transcurridos unos pocos
días caminando por Boedo quise verlo y ya no estaba conmigo, pero ¿cómo?, lo
busqué en la acera, en mis bolsillos, en
la mochila y nada, retrocedí una cuadra tampoco, entonces recordé que al bajar del
colectivo sentí como cierta levedad en la muñeca; ¡ay! claro me lo robaron; primero sentí rabia, luego como
un sentimiento de libertad , ya no dependía del tiempo marcado por las horas y
los minutos, pero también una profunda pena por mi abuelo que se desprendió de él
con tanto amor para dármelo a mi;
estaban sus inolvidables cuentos, nuestros paseos y juegos y su hermosa
ternura, pero el único recuerdo material era ese dichoso reloj pulsera.
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