martes, 28 de abril de 2020

RELOJ NO MARQUES LAS HORAS


RELOJ NO MARQUES LAS HORAS
Decididamente es un elemento que no me atrae demasiado, pretende tener vida propia y disponer de la mía; yo, suelo marcar mi propio tiempo, incluso el relojito despertador que por exclusiva necesidad, desde hace años me acompaña, descansa sobre mi mesita de noche dado vuelta, las rueditas y el pequeño parlante de su cara posterior me resultan más interesantes que sus manecillas girando y la vuelta sin parar sobre números insulsos, ¿acaso no sería suficiente con el día despuntando y los rayos de sol atravesando mi persiana y más tarde el naranja rojizo del cielo, más el esbozo de la luna, anunciando la noche que se avecina?
Alguna vez tuve un reloj pulsera, regalo de mi abuelo; no era sofisticado como los de ahora, ¡nada que ver! lo que sí de buena marca, con brazalete de oro y piedrecillas  rojas bordeando su cara rectangular, supongo serían rubíes; apoyado sobre la cómoda cada tanto lo consultaba; a pesar de tenerlo adelantado 10 minutos para que el tiempo no me persiga, llegaba tarde a todas partes; así perdí un trabajo interesante pero no lo lamenté, si con mi bohemia y mi arte callejero tengo un buen pasar y ando por la vida tranquilo y feliz, pero caramba, a veces me quedaba sin comestibles, pues los negocios me cerraban las puertas casi en mis narices.
Cierta vez tuve una cita amorosa que realmente me esperanzaba, pero no llegué, los 10 minutos alterados de mi reloj constantemente me señalaban: “tenés tiempo, tenés tiempo”, pero, el tráfico y la búsqueda de un puesto de flores, pues quería llevarle un ramo de rosas hicieron lo suyo; por más que luego quise comunicarme con ella, me fue imposible, la respuesta fue siempre stickers de desprecio en mi celular, ¡y otra vez la desilusión!, pero a mi se me pasó rápido, en cambio sus stickers se sucedieron por bastante tiempo.
Fueron tantos los reveses ocurridos por los 10 minutos de adelanto y mi dispersión a causa de ello, que para tenerlo más presente decidí usarlo según su diseño:  como reloj pulsera; transcurridos unos pocos días caminando por Boedo quise verlo y ya no estaba conmigo, pero ¿cómo?, lo busqué  en la acera, en mis bolsillos, en la mochila y nada, retrocedí una cuadra  tampoco, entonces recordé que al bajar del colectivo sentí como cierta levedad en la muñeca; ¡ay! claro  me lo robaron; primero sentí rabia, luego como un sentimiento de libertad , ya no dependía del tiempo marcado por las horas y los minutos, pero también una profunda pena por mi abuelo que se desprendió de él con tanto amor para dármelo a mi;  estaban sus inolvidables cuentos, nuestros paseos y juegos y su hermosa ternura, pero el único recuerdo material era ese dichoso reloj pulsera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL ARTE NO INTERROGA

  EL ARTE NO INTERROGA Lenguaje teatral en un rostro impávido; manos artísticas lo transforman, de un blanco aterciopelado va virando a lo...