EL TREN DE LA MUERTE
Trasnochado por el insomnio recurrente, le costaba concentrarse en la lectura, finalmente vencido por el cansancio, se apoyó sobre la mesa del café con sus brazos entrecruzados como sostén; al rato una respiración acompasada interrumpida por suspiros lo acompañaba.
La cajera desde el mostrador lo observaba risueña; " se quedó profundamente dormido, al parecer sueña algo serio dramático quizás". Tobías,así su nombre, con toda su cabellera plateada se agitaba inquieto, se removía en la silla, de a ratos se rascaba un brazo, la cabeza, gruesas gotas de sudor perlaban su frente, su rostro enjuto denotaba sufrimiento; de repente resbaló de costado y sobresaltado despertó, miró a su alrededor como confusoy con expresión de terror; él era sobreviente del holocausto (un absurdo histórico preñado por un loco con ambiciones de poder y extrañas ideas de exterminio racial: que los negros, que los gitanos, que los judíos en especial debían desaparecer para siempre); de continuo el mismo sueño lo torturaba.
Se veía en la oscuridad de ese tren maldito camino a Treblinca, un campo de concentración, con 12 años apenas separado de sus padres y desconociendo su paradero; viajaba hacinado con otros en el piso desparramados; hombres barbudos cubieros con el manto sagrado no paraban de rezar, mujeres amamantando, otras cuchicheando entre ellas -¿"adónde vamos, porqué a nosotras"?, todos con aire de preocupación y temor, niños pequeños llorando, otros ignorantes de todo jugando; un agente de la SS en la puerta del tren vigilando.
Mientras miraba por la ventanilla Tobías pensaba, tengo mucho miedo, casi sé que voy camino a la muerte, tengo que escapar; los cristales empapados por una lluvia intensa, dejaban entreveer un extenso campo cubierto de altos pastos.
De pronto el tren se detuvo, los rieles se habían cubierto de agua y era imposible avanzar, el vigía gritó-"¡silencio a dormir todos, voy a ver que pasa"!. Rápidamente Tobías se movió entre la multitud hacia una de las puertas del vagón y pegó el gran salto hacia la libertad, dado el imprevisto no había vigilancia pero sí lo vieron, uno de ellos dió la voz de alerta.
Tobías echó a correr no sabe como ni cuanto, las balas se disparaban a su alrededor, cuando ya parecía que le daban alcance, agotado se dejó caer aplastándose contra el pasto, los escuchó pasar a su lado diciendo en su duro acento alemán-"dejemos ya la búsqueda, nos vamos a pescar una neumonía"- . Con sollozos apagados se quedó dormido en el pastizal, todo empapado y el cuerpo dolido; al día siguiente apenas despuntado, fue encontrado por unos partisanos, Tobías se incorporó a ellos en su lucha contra el mazismo.
Ahora ya un hombre con profesión y familia, no puede olvidar ese pasado tan trágico, aún continúa con su duelo a cuestas por sus padres y hermanos y piensa ojalá pueda trasmitir a mis nietos ese sentimiento de lucha y reinvidicación de la persona humana; el concepto de raza no debiera existir, a pesar de las diferencias somos todos iguales.
Adherido al Unicef, brega por los derechos de los niños ,es su sagrada militancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario