MELODRAMA ACOMPASADO
La había conocido en una tanguería allá por el barrio de Boedo, sentada a una mesa con otras dos minas no paraban de conversar y reír, pero sin perder de vista la ocasión de bailar, cuando sus ojos se encontraron se sintió turbado cual un relámpago, la invitó a bailar y al instante se deslizaban ambos al compás del dos por cuatro dibujando ochos y quebradas, mejilla con mejilla en un suave apretón; el cantor entonaba: "yo no quiero la historia de siempre vivir un momento y luego morir".
Ambos esperaban ansiosos el fin de semana, al principio fue por el placer de bailar, pero luego de a poco entre ambos se instaló la pasión; apenas sabían de sus nombres: Alberto y María, lo demás no importaba; él era un seductor profesional, pero esta vez se sintió atrapado.
Los domingos para María eran días especiales, "voy a su encuentro, qué placer" pensaba, "pero no sé nada de él, no importa, tantas ilusiones rotas que ya no quiero sufrir, ya no" .
Los encuentros se hicieron más frecuentes. vivieron un amor intenso pero breve, de pronto no lo vio más en la milonga; se sintió esclava del teléfono mudo de llamadas, otra vez la vida se ensañó con ella.
Alberto reiteradamente la soñaba, la veía acongojada, con su maquillaje corrido de tanto llorar, parecía una pinturita, no obstante seguía siendo hermosa, con su larga cabellera azabache coronando su espalda; sentía sobre sí su mirada de azul profundo acusándolo, pero él siempre había estado solo con su bohemia a cuestas, era su modo de andar por la vida.
En uno de sus sueños la vio paseando por la casa, en el balcón conversando con las plantas, en su cama acostada a su lado, entonces intentaba un abrazo, pero su cuerpo siempre se esfumaba; acosado por la angustia se sintió caer en un profundo pozo y que al final algo mullido lo atajaba y sostenía; se despertó sobresaltado, con los ojos desorbitados se vio sentado en la cama cobijado en su colchón vacío de sábanas, solo cubierto por una vieja y descolorida frazada.
Solía dormir de costado doblado sobre si mismo, casi en posición fetal; con el cuerpo dolido se levantó tembloroso y caminó hacia el teléfono, aún dudaba cuando su mano levantó el auricular, pero su corazón le susurraba: "esta vez sí", al escuchar la voz querida diciendo "hola, simplemente contestó"soy yo"..
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