sábado, 18 de junio de 2016




                           UN DOMINGO CUALQUIERA

  

Siempre el mismo cuento, siempre las mismas secuencias, que por ser domingo respetaremos los deseos y extravagancias de cada uno, que me levantaré a la hora que el sol dora, que me vestiré con ropa dominguera, ya sea deportiva o no según las circunstancias; eternos planes de libre albedrío; la comida en casa no será lo más trascendente; -"haremos lo que tu quieras querida"- dice él siempre tan solícito, tan desinteresado y tan indiferente, y entonces la lectura, su hooby predilecto, lo absorve por completo y así transcurren los segundos, los minutos y las horas se precipitan.
Ella parada frente al espejo ensaya poses y muecas y se dice: -"iré de fiesta, al restaurante de moda, a Palermo, a la Costanera o quizás a pasear por  la Recoleta; iremos a escuchar música al aire libre o a la exposición de arte y ciencia". Y mientras ella sueña frente al espejo con poses y distintas ropas, él también pasea y aún más lejos, pero a través de las lecturas.  Así para cada uno y a su modo transcurre el sagrado domingo.
¿Alguien supuso alguna vez que el domingo por ser el primer día de la semana, no es rutinario y que sólo transcurre en una sutil levedad?






















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