EL
TRANSCURRIR DEL TIEMPO
Juan
había optado por no mirarse más al espejo pues éste y repetidamente, le
devolvía una imagen que no era precisamente de su agrado; su vida transcurría
solitaria y sin afectos, e irremisiblemente dejaba sus huellas; se notaba
envejecido, en su rostro de rictus amargo, diminutas arrugas alrededor de sus
ojos y nariz dibujaban figuras extrañas, su mirada no tenía el brillo de
otrora, caminaba siempre mirando el piso con la cabeza hundida en los hombros,
la espalda curvada, su andar lento e inseguro hablaba de su indefensión.
Cierto
día revolviendo los cajones del placard, se encontró con un viejo álbum de
fotografías, lo abrió curioso: allí estaba él a los 6 años frente a una enorme
torta soplando velitas, familiares y amigos alrededor de la mesa, sus padres al
lado mirándolo con amor; recordó que fue un niño consentido: único hijo, único
nieto, único sobrino de unas tías regalonas, se sentía el rey de esa pequeña
cofradía; dio vuelta la hoja y se encontró frente a un arlequín que lo miraba
sonriente, pero ¿”esta foto de cuando es?, ¡ah! ¡ sí!, en una fiesta de
disfraces en la escuela”, tenía 8 años y ¿ esta otra?, con sus amigos del club
pateando la pelota, tendría alrededor de 12 años, se sonrió al pensar en Rubén,
su amigo del alma, siempre jugaba de arquero, no perdía una pelota, y Alberto….
el goleador del equipo ,¿qué habrá sido de ellos?, toda la adolescencia la
pasaron juntos, después, que el estudio, el trabajo, una noviecita, en fin la
vida los fue alejando. Siguió dando
vuelta las páginas y de repente se vio ya hombre, con el brazo derecho en alto,
mostrando orgulloso su diploma de ingeniero, recordó que contaba 26 años; sí
ejerció su profesión, pero con más frustraciones que ventura, y otra foto más,
la de su casamiento a los 30, ¡qué cara de tonto feliz!, cerró de golpe el
álbum, no quiso ver más; la recordó a Noelia : tan sólo un año de amor, sin
quererlo se rio fuerte a carcajadas,”¡qué ridículo juramentarse amor para toda
la vida!”; sí, los pequeños deslices de ambos, los celos y las frecuentes
rencillas, terminaron por separarlos, por suerte no hubo hijos; así con
altibajos, a veces acompañado, generalmente solo, se deslizaron sus días, y he
aquí que a los 73 años se sentía un hombre vencido; despacito fue volviendo
nuevamente las hojas del álbum, esta vez de atrás para delante, mientras
pensaba en sucesos y circunstancias; de repente se sorprendió, que todos los
registros de la cámara fotográfica fueron hechos en años múltiplos de 2, como
que en los otros, la lente no hubiera reparado; “es una casualidad” se dijo ,
“pero esto es lo que haré , pasaré el año entero ignorando al espejo, para
luego echarle una miradita de reojo en el próximo, a ver si así logro detener
el paso del tiempo”; dicho esto, se levantó y cubrió el espejo con la chalina
azul que indolente descansaba sobre la silla.
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