viernes, 6 de diciembre de 2013

 LECTURA SURREALISTA
Cierto atardecer de otoño, luego de un día espléndido, comenzó a llover copiosamente, Zulma  mirando por la ventana los campos y caminos anegados pensaba: no, él ya no vendrá, no se puede transitar es realmente peligroso.
 Aburrida y resignada, se dirigió a la amplia biblioteca de su casa, con el objetivo de buscar una lectura interesante, un cuento corto que la saque de la monotonía interior que la embargaba; comenzó a hojearlo distraída deteniéndose varias veces, no se podía concentrar, sin embargo notó que el cuento carecía de título y con una rara sugerencia por parte del autor: que cada lector , de acuerdo a su interpretación lo titulara a su antojo; ¡qué extraño! pensó, esto me gusta, debe ser de misterio y ¡vaya si lo era!; ansiosa quiso saltear el primer capítulo e ir directamente al argumento, pero de pronto hubo algo que le llamó la atención: la rareza de la presentación, pues no consistía en la habitual escritura; sólo se veían rayas que se entrecruzaban, círculos que se abrían y cerraban cual un laberinto por el cual era difícil avanzar; pequeñas cruces aglomeradas constituían distintas figuras: romboidales, hexagonales, ovoides, canutos  que semejaban pirámides, etc.
 Zulma perpleja miraba el texto tratando de interpretarlo, una mirada rápida le sugería una labor preparada para bordar pero seguramente, debía abarcarlo en su  conjunto y al mismo tiempo estudiar sus detalles, para dilucidar su significado.
Se preguntaba: ¿ qué habrá querido decir el autor?..... quizás, las rayas que se entrecruzan signifiquen  caminos o destinos que con las vueltas de la vida, a veces contactan y otras no; los círculos: encuentros y desencuentros complejos y ¿las cruces, son acaso los monumentos a los muertos?, podría ser; se puso a contarlos, eran tantos que le fue imposible arribar al número exacto.
 Por su mente desfilaron las minorías y los marginados, la desigualdad social y el absurdo de las codicias de los hombres, con sus guerras sucias.
Ya era noche cerrada y Zulma se sentía agotada por el esfuerzo; muy perturbada y casi con congoja cerró el libro, ¿cómo lo titularía?, quizás:  “Muertes Sin Sentido”.            

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