LECTURA
SURREALISTA
Cierto
atardecer de otoño, luego de un día espléndido, comenzó a llover copiosamente,
Zulma mirando por la ventana los campos
y caminos anegados pensaba: no, él ya no vendrá, no se puede transitar es
realmente peligroso.
Aburrida y resignada, se dirigió a la amplia
biblioteca de su casa, con el objetivo de buscar una lectura interesante, un cuento
corto que la saque de la monotonía interior que la embargaba; comenzó a
hojearlo distraída deteniéndose varias veces, no se podía concentrar, sin
embargo notó que el cuento carecía de título y con una rara sugerencia por
parte del autor: que cada lector , de acuerdo a su interpretación lo titulara a
su antojo; ¡qué extraño! pensó, esto me gusta, debe ser de misterio y ¡vaya si
lo era!; ansiosa quiso saltear el primer capítulo e ir directamente al
argumento, pero de pronto hubo algo que le llamó la atención: la rareza de la
presentación, pues no consistía en la habitual escritura; sólo se veían rayas que
se entrecruzaban, círculos que se abrían y cerraban cual un laberinto por el
cual era difícil avanzar; pequeñas cruces aglomeradas constituían distintas
figuras: romboidales, hexagonales, ovoides, canutos que semejaban pirámides, etc.
Zulma perpleja miraba el texto tratando de
interpretarlo, una mirada rápida le sugería una labor preparada para bordar
pero seguramente, debía abarcarlo en su conjunto y al mismo tiempo estudiar sus
detalles, para dilucidar su significado.
Se
preguntaba: ¿ qué habrá querido decir el autor?..... quizás, las rayas que se
entrecruzan signifiquen caminos o
destinos que con las vueltas de la vida, a veces contactan y otras no; los
círculos: encuentros y desencuentros complejos y ¿las cruces, son acaso los
monumentos a los muertos?, podría ser; se puso a contarlos, eran tantos que le
fue imposible arribar al número exacto.
Por su mente desfilaron las minorías y los
marginados, la desigualdad social y el absurdo de las codicias de los hombres,
con sus guerras sucias.
Ya
era noche cerrada y Zulma se sentía agotada por el esfuerzo; muy perturbada y
casi con congoja cerró el libro, ¿cómo lo titularía?, quizás: “Muertes Sin Sentido”.
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