lunes, 10 de abril de 2023

EIME

Mi mirada impregnada de la tuya, ¡cuánta alegría, cuánta ternura!.

Un día de hace tantos nos conocimos, te vi nacer en el living de mi casa un 14 de febrero, Día de San Valentín, y nos enamoramos una de la otra; tan pequeñita, cuerpito trémulo, tan negrita, pechito blanco, blancas patitas.  Te llevaron con tu madre nutricia a la que ávida te prendías; cuando luego te tuve, la primera noche ¡cuánto llanto, cuánta congoja!  trepada a la mesa del comedor, en mis brazos te cobijé calmando tu zozobra  y así te dormiste.

Tus ojos marrones de mirar inocente, como asombrados mirando el entorno, se apoyaban en los míos y aún hoy, opacados a todas partes me siguen y me buscan; mi perrita Eime tan vital en loca carrera por la plaza, ”es perrita de circo”, me decían y ahora a los 16, seguimos andando por las cuadras y las calles con paso lento pero firme; cada separación implica luego la alegría del encuentro, y mis caricias despertando tu sonrisa.

 Tu mirar ya no es inocente, sino sabio de tantas cosas aprendidas, todo un lenguaje del entorno; amante de la música, del sol y también de la luna;  te nombré Eime sin saber su significado, fue un nombre inventado, como un sonido apacible de oír, una palabra dulce de pronunciar.

Como antes, como ahora, como siempre te sigo con la mirada y tú como suspendida en la mía siempre me buscas, son tus ojos ensamblados en los míos y se da el mutuo encuentro.

 

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