jueves, 13 de noviembre de 2014

CUENTOS MÍNIMOS

CUENTOS MÍNIMOS

Su mirada inquisitoria y tenaz la delata, sí, ella sospecha que él y yo somos amantes, hasta diría que la goza por su sonrisita socarrona; ¿acaso sea yo el ingrediente necesario en esta historia de a tres?.


Había usado su viejo pretexto de siempre: la lluvia  y el paraguas, sin suponer que aquélla mujer fuera su amor de otrora, después de unos instantes de mirarse y reencontrarse, la propuesta fue: "por la vuelta" y como el tango aquél dice: "la historia vuelve a repetirse".....


Desde los altos peldaños de piedra gestados en la montaña, ella observaba maravillada toda la naturaleza expuesta a sus pies, las cascaditas y el río, la vegetación exuberante y más allá el pueblo soleado, todo parecía tener un orden perfecto.


La suave brisa que se escurría entre las cortinas lo envolvió levemente, asomado a la ventana la vio llegar y su corazón fue un loco palpitar.


Látigo en mano, con gesto adusto y mirada altanera, el capataz se paseaba vigilando a los negros esclavos, ignorando los susurros de  libertad cada vez más poderosos que se tejían entre los blancos algodonales.


Día frío y húmedo; el ataúd, de fina madera lustrosa con las iniciales del difunto talladas sobre la tapa, fue retirado a las 9 en punto, el incienso prendido minutos después de la ceremonia fúnebre, hacía el aire aún más irrespirable, lamentos y sollozos parecían perpetuarse como un eco en el vacío de la habitación, el aroma de las flores aún persistía. La madre no pudo acompañarlo, tampoco derramar llanto alguno, como petrificada seguía sentada en el sillón acompañada por su hija y su perro fiel, en la penumbra de la habitación, semejaban un cuadro antiguo.


Como destellos de luz y sombras te me apareces aún, apenas una visión fugaz, fantasma de voz sonora y burlona, pero es sólo sueño; los entornos conocidos con sus afectos y desafectos de siempre son mi realidad, ¡qué bueno!. 

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