VACÍO INTERIOR
Para Analía ese había sido un día muy particular, se había ilusionado tanto con volver a verlo, sí, se esmeró en su arreglo personal, se perfumó con la colonia de jazmín que él le regaló en aquélla ocasión, y se vistió de violeta su color preferido. La espera se le hacía interminable, estaba ansiosa y feliz, pero he aquí que las horas transcurrían lenta y pesadamente sin novedad alguna; se acercó a la ventana a escudriñar el camino, y sólo vio una llovizna persistente tan triste como su alma; pensó: ¿ si lo llamo por teléfono? sabía que no debía pues él no estaba solo, finalmente luego de idas y venidas marcó su número, y claro escuchó la voz de ella diciendo:¡"hola,hola!, ¿quién es?" casi con enojo. Analía se deshizo el peinado, y brusca se sacó los zapatos tirándolos lejos y disparatadamente, volvió a la ventana y en ese momento se percató del hombre de enfrente que la observaba, sí, había sentido su mirada insistente casi toda la tarde; la de enfrente era una casa deshabitada, entonces, ¿un vecino nuevo?, sin quererlo se empezó a interesar, casi le sonrió, él le hizo un gesto con la mano, y ella se dijo: y sí ¿porqué no, acaso la soledad debía acompañarla siempre?, con la cabeza, con todo su cuerpo lo invitó a acercarse, a compartir su día y quizás su noche también; minutos después, mientras esperaba el timbre tembló de miedo, pero ya era tarde.
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