viernes, 26 de abril de 2013


EL ESCRITOR Y SU PERSONAJE PREDILECTO

Sentado frente a la hoja en blanco sigo pensando en ti, a pesar de la vanidad de tus actos, tus mentiras circunstanciales y tus falsas promesas; sabes bien que eres mi personaje predilecto y es a ti a quien visto con los mejores ropajes, adulo y festejo, mi fantasía te pasea por el mundo, te hace vivir amores imposibles, románticos, pasionales; reconozco que también te hice daño, como la vez que caminando distraída por las orillas del lago te diste un chapuzón imprevisto, ¡qué susto! pero bueno te rescaté y la tibieza del sol del mediodía pronto secó tus ropas y abrigó tu piel; también recuerdo que en otra oportunidad, un día de lluvia, corrías para alcanzar el tren y te resbalaste, bueno fué nada más que una torcedura, si después te pasaste unas cuantas semanas sin poder salir y a merced de los tuyos no fué culpa mía, era la disposición del relato, así tus lectores conocieron al buenazo de tu marido y tus desavenencias conyugales. Y ¿la trompada que recibiste en el colectivo?, realmente una grosería pegarle a un mujer, y por una tontería como fué una ventanilla baja, es cierto que entraba un viento helado, pero ese no era tu problema sino tu pelo rizado recién salido de la peluquería; no me vas a negar, que lo tuyo no fué un pedido respetuoso, sino un atropello de palabras mal habladas que lo irritaron sobremanera, igual no se justifica, pero hoy en día palabra viene, palabra va y ¡zas! salta la violencia.... está todo tan naturalizado.
Te prometo que en el próximo cuento no te haré sufrir de esa manera,ya sé te lo prometí otras veces, pero luego viste, necesito que te pasen cosas, a veces no tan agradables claro, pero ¿será como una especie de exorcismo o purgatorio mio?, no sé bien, pero en algo estamos de acuerdo, no te maté nunca, ni siquiera aquella vez que te enfermaste tanto, con esa tos horrible que te provocaba escupitajos verdes, y una fiebre altísima casi hasta el delirio, pero finalmente me apiadé de ti y se produjo el milagro, te salvaron.Tú eres mi heroína fuerte de cuerpo y espíritu  ahora necesito que tú también me prometas algo: que cuando te convoco, no tardes como suele ser tu costumbre, a pesar de que lo hemos hablado y pactado, entonces yo me paso horas sentado frente a la hoja en blanco, esperando que tú aparezcas,¿me lo prometes, esta vez sí?, ¿de verdad?.
El escritor como un sonámbulo miraba y escudriñaba la hoja, cuando de repente vió una luz verde que se encendía y apagaba, y una voz gutural saliendo de ella le decía: te lo prometo, lo juro; primero se sobresaltó y después con una sonrisa en los labios, se sintió inspirado, casi feliz. Sus ideas, sus sentires se volcaron al papel y fueron creciendo en palabras cada vez más, cual un vendaval.   

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